La odontología regenerativa ha incorporado técnicas orientadas a aprovechar los propios recursos biológicos del paciente para favorecer la recuperación de los tejidos. Entre ellas se encuentra Endoret, denominación comercial de una tecnología basada en plasma rico en factores de crecimiento, conocida también por las siglas PRGF. Su aplicación en una clínica dental puede complementar determinados tratamientos quirúrgicos, especialmente cuando interesa mejorar la respuesta de la encía, del hueso o de la zona intervenida.
El procedimiento parte de una pequeña extracción de sangre del propio paciente. La muestra se procesa mediante centrifugación para separar diferentes fracciones y obtener un preparado con una concentración de plaquetas y proteínas implicadas en los mecanismos naturales de reparación. Posteriormente, el odontólogo puede utilizarlo en forma líquida, como coágulo o convertido en una membrana de fibrina, según las necesidades de la intervención. Endoret se presenta como un sistema cerrado que permite preparar estas formulaciones en condiciones controladas y aplicarlas de manera inmediata.
Uno de sus principales beneficios es su carácter autólogo. Esto significa que el preparado procede de la sangre de la misma persona que va a recibirlo. Al no utilizarse material sanguíneo de un donante, disminuye el riesgo de incompatibilidad inmunológica y de transmisión de enfermedades asociadas a productos biológicos ajenos. No obstante, antes de recomendarlo, el dentista debe revisar la historia clínica, la medicación y las condiciones generales del paciente, porque no todas las personas presentan las mismas necesidades ni responden de idéntica manera.
El Endoret se utiliza con frecuencia después de una extracción dental. Al retirar una pieza queda un espacio en el hueso denominado alveolo, que comienza un proceso natural de cicatrización. La aplicación del preparado puede contribuir a formar una matriz de fibrina que proteja el área y actúe como soporte para la reparación inicial. Esta cobertura biológica favorece la organización de las células que participan en el cierre de la herida y puede resultar especialmente útil cuando se quiere conservar el área para una rehabilitación posterior.
Una revisión sistemática publicada en 2026, centrada en ensayos clínicos sobre alveolos postextracción, concluyó que el PRGF puede ser un complemento beneficioso para mejorar la cicatrización, reducir el dolor y limitar la inflamación. Los autores señalaron, sin embargo, que existen diferencias metodológicas entre los estudios y que todavía son necesarios protocolos más homogéneos para establecer con mayor precisión la magnitud de sus efectos.
La reducción de las molestias posoperatorias representa una ventaja relevante desde la perspectiva del paciente. Después de una extracción compleja, una cirugía de encías o una intervención sobre el hueso pueden aparecer dolor, hinchazón y dificultad para realizar determinadas actividades cotidianas. Algunos estudios sobre concentrados plaquetarios autólogos han observado menos dolor, menor inflamación y un consumo más reducido de analgésicos durante las primeras fases de recuperación. En cirugía endodóntica, por ejemplo, se han comunicado mejoras en la calidad de vida temprana de los pacientes tratados con estos preparados.
Esta mejor tolerancia puede facilitar la alimentación, el habla y la higiene de la zona durante los días siguientes. No implica necesariamente que desaparezcan todas las molestias ni que pueda prescindirse de las recomendaciones posoperatorias. El paciente debe seguir respetando las indicaciones relacionadas con el cepillado, la dieta, la medicación y las revisiones. El Endoret actúa como una ayuda biológica dentro de un tratamiento completo, no como una garantía independiente de recuperación inmediata.
La cicatrización de los tejidos blandos constituye otro de sus campos de interés. Las encías y la mucosa oral necesitan cerrar adecuadamente después de una incisión, una extracción o una cirugía periodontal. La matriz de fibrina obtenida a partir del plasma puede colocarse sobre la zona para proporcionar una superficie que favorezca la migración celular y la formación progresiva del nuevo tejido. Una revisión sobre su empleo en cirugía oral encontró indicios de que el PRGF puede acelerar la reparación tanto de tejidos blandos como duros.
Esta capacidad puede ser valiosa en pacientes sometidos a procedimientos que dejan una superficie amplia expuesta. Un estudio sobre el tratamiento quirúrgico de hiperplasias fibrosas provocadas por prótesis observó una reducción del tiempo de curación, del dolor, del edema y de los episodios de sangrado. Aunque los resultados de una investigación concreta no deben generalizarse automáticamente a todos los tratamientos, ilustran la utilidad potencial de crear una cobertura biológica sobre las heridas orales.
En implantología, la salud del hueso y de la encía que rodean al implante resulta determinante, tal y como nos explica Delfín García, técnico de la Clínica dental Clara Santos, quien nos indica que el Endoret puede emplearse para humedecer la superficie implantaria, combinarse con materiales de injerto o cubrir áreas regeneradas. Los factores liberados por las plaquetas participan en señales celulares relacionadas con la formación de vasos sanguíneos, la proliferación de células reparadoras y la producción de componentes de la matriz extracelular. La finalidad es crear un entorno favorable alrededor del lugar intervenido.
No debe confundirse este efecto con una sustitución del hueso perdido. Cuando existe un defecto importante, puede ser necesario utilizar biomateriales, injertos u otras técnicas de regeneración. El plasma actúa como complemento y puede mezclarse con partículas óseas para obtener una masa más manejable y estable. Su utilidad dependerá del volumen disponible, de la anatomía, del estado de la encía y del plan de tratamiento establecido mediante exploración e imágenes diagnósticas.
La conservación del reborde alveolar tras una extracción es especialmente importante cuando se prevé colocar un implante. El hueso modifica su forma durante la cicatrización y puede perder parte de su anchura o altura. Los concentrados de factores de crecimiento se han estudiado como recursos para limitar esas alteraciones y favorecer la formación de tejido dentro del alveolo. La evidencia disponible apunta a resultados prometedores, aunque no todos los estudios encuentran diferencias clínicas igual de marcadas.
Otra posible aplicación aparece en la elevación del seno maxilar, procedimiento realizado cuando la zona posterior del maxilar superior no dispone de suficiente altura ósea. En estas intervenciones, el preparado puede acompañar al material utilizado para crear el nuevo volumen. Las revisiones sobre concentrados plaquetarios autólogos han encontrado efectos favorables en la cicatrización de los tejidos blandos, pero los resultados sobre la generación de hueso no siempre son uniformes. Por ello, el profesional debe valorar su aportación dentro de cada caso y no presentarlo como sustituto de una planificación quirúrgica adecuada.
El Endoret también puede utilizarse en cirugía periodontal. Las enfermedades periodontales avanzadas pueden generar defectos alrededor de las raíces, pérdida del soporte dentario y alteraciones de la encía. En determinadas intervenciones regenerativas, el preparado se combina con membranas o injertos para mejorar la manipulación del área y favorecer la respuesta local. Su empleo se decide después de controlar la infección y valorar la capacidad del paciente para mantener una higiene rigurosa.
Su origen autólogo permite obtener diferentes presentaciones sin incorporar células de otra persona. La fracción líquida puede utilizarse para activar o hidratar materiales, mientras que el coágulo rellena pequeñas cavidades y la membrana cubre superficies. Esta versatilidad permite al odontólogo adaptar el preparado a la intervención sin depender de un único formato. La liberación progresiva de proteínas desde la matriz de fibrina es uno de los mecanismos con los que se pretende prolongar la estimulación local.
Desde el punto de vista de la salud bucodental, otra ventaja es la posibilidad de personalizar el tratamiento. La preparación se realiza para un paciente concreto y se aplica durante la misma cita quirúrgica. No se trata de un producto fabricado en serie que se implanta de idéntica manera en todos los casos. La cantidad obtenida, la formulación y la zona de uso se seleccionan atendiendo al procedimiento previsto.
El sistema puede ayudar asimismo a controlar el sangrado local gracias a la formación de fibrina. Esta estructura funciona como un coágulo organizado y puede contribuir a mantener protegida la superficie intervenida. Sin embargo, las personas que toman anticoagulantes presentan alteraciones hematológicas o padecen determinadas enfermedades necesitan una valoración individual. Nunca debe suspenderse una medicación por iniciativa propia para someterse a un procedimiento odontológico.
También es importante evitar expectativas desproporcionadas. El hecho de emplear factores de crecimiento no asegura por sí solo el éxito de un implante, la regeneración completa de un defecto o la ausencia de complicaciones. El pronóstico depende del diagnóstico, la técnica quirúrgica, la higiene, el consumo de tabaco, el control de enfermedades generales y el cumplimiento de las revisiones. El Endoret puede mejorar determinadas fases biológicas, pero forma parte de una estrategia terapéutica más amplia.
La evidencia científica es favorable en varios usos de la cirugía oral, especialmente en la reducción de las molestias tempranas y en la cicatrización de tejidos blandos. En cambio, los beneficios relacionados con la regeneración ósea pueden variar en función de la técnica, el defecto y los materiales empleados. Las revisiones recientes sobre plasma rico en plaquetas describen una aportación más consistente sobre los tejidos blandos y resultados positivos, aunque más moderados, en el hueso.
Otros tratamientos bucodentales innovadores
La innovación odontológica no depende únicamente de nuevos materiales, sino también de herramientas capaces de obtener información más precisa y trasladarla directamente al tratamiento. Uno de los cambios más visibles es la sustitución progresiva de las impresiones convencionales por el escaneado intraoral. Una pequeña cámara recorre dientes y encías para crear un modelo tridimensional que puede observarse inmediatamente en una pantalla. Este archivo sirve para diseñar coronas, incrustaciones, alineadores, puentes y otras restauraciones sin recurrir siempre a las tradicionales cubetas con pasta de impresión.
El modelo digital permite examinar la boca desde diferentes ángulos, ampliar detalles y comprobar si falta información antes de que el paciente abandone la consulta. Cuando una zona no ha quedado bien registrada, basta con volver a escanear ese punto, en lugar de repetir todo el procedimiento. El archivo puede enviarse electrónicamente al laboratorio, lo que agiliza la comunicación y evita posibles deformaciones vinculadas al transporte o almacenamiento de moldes físicos.
A partir de estas imágenes funcionan los sistemas CAD/CAM, cuyas siglas hacen referencia al diseño y la fabricación asistidos por ordenador. El odontólogo o el protésico diseña la restauración en un programa especializado y envía las instrucciones a una fresadora. Esta máquina talla un bloque de cerámica u otro material hasta obtener una pieza adaptada a la anatomía registrada. Algunas clínicas pueden completar determinadas restauraciones en una sola jornada, aunque la viabilidad depende de la complejidad, del material elegido y del estado de la pieza tratada.
La impresión 3D ha ampliado todavía más este flujo digital. Mediante la superposición sucesiva de capas pueden producirse modelos anatómicos, férulas, guías quirúrgicas, provisionales y ciertos componentes protésicos. La FDA reconoce entre las aplicaciones médicas de la fabricación aditiva las restauraciones dentales, los instrumentos quirúrgicos y los dispositivos elaborados para anatomías específicas.
En implantología, las guías impresas ayudan a trasladar a la boca una planificación realizada previamente en el ordenador. Para diseñarlas se combinan los datos del escáner con imágenes radiológicas tridimensionales. El profesional puede estudiar virtualmente la posición del futuro implante y fabricar una plantilla con orificios que orientan el instrumental. Esta cirugía guiada no elimina la necesidad de experiencia clínica, pero permite preparar con antelación aspectos como la inclinación, la profundidad y la relación con estructuras anatómicas cercanas.
La tomografía computarizada de haz cónico, conocida como CBCT, ofrece reconstrucciones tridimensionales del maxilar y la mandíbula. Se utiliza cuando una radiografía convencional no proporciona información suficiente, especialmente en implantología, endodoncia compleja, cirugía oral o estudio de dientes incluidos. Su empleo debe estar justificado, porque utiliza radiación ionizante y no todas las consultas requieren esta exploración. La innovación consiste en seleccionar la prueba que aporte datos relevantes con la menor exposición razonablemente posible.
La inteligencia artificial comienza a funcionar como apoyo en la interpretación de las imágenes. Determinados programas señalan áreas compatibles con caries, pérdida ósea, lesiones periapicales o alteraciones periodontales para que el dentista las examine con mayor atención. Las revisiones científicas describen resultados prometedores en la detección y clasificación de varias enfermedades orales, aunque insisten en que estos sistemas necesitan validarse en poblaciones diversas y no deben sustituir el criterio profesional.
Otra tecnología en expansión es el láser dental. Existen equipos con longitudes de onda y potencias diferentes, por lo que no todos sirven para las mismas intervenciones. Algunos se aplican sobre tejidos blandos para remodelar encías, tratar ciertas lesiones o facilitar procedimientos periodontales. Otros pueden utilizarse sobre tejidos duros en indicaciones concretas. Su precisión permite actuar sobre áreas delimitadas, aunque el resultado depende de la selección del equipo, de los parámetros utilizados y de la preparación del operador.
Dentro de este campo se encuentra la fotobiomodulación, que emplea luz de baja intensidad sin buscar cortar ni eliminar tejido. Se investiga y utiliza como complemento para modular molestias, inflamación y respuesta tisular después de determinados procedimientos. Las revisiones sobre su aplicación odontológica muestran posibilidades en diferentes especialidades, pero también señalan que la dosis, la longitud de onda y el tiempo de exposición condicionan los efectos obtenidos.
La endodoncia también se ha beneficiado de importantes avances. Los microscopios clínicos amplían considerablemente el campo de visión y ayudan a localizar conductos difíciles, observar fisuras o retirar materiales alojados en el interior del diente. A esta mejora visual se añaden instrumentos mecanizados más flexibles, localizadores electrónicos y sistemas de irrigación activada. La combinación permite abordar anatomías complejas con mayor conocimiento de lo que sucede dentro de las raíces.
En ortodoncia, la planificación virtual permite simular el movimiento progresivo de los dientes antes de fabricar una serie de alineadores transparentes. El paciente puede conocer la evolución prevista, aunque la representación digital no debe interpretarse como una promesa exacta. La respuesta biológica, el uso correcto de los aparatos y las revisiones condicionan el resultado. Durante el tratamiento, nuevos escaneados permiten comparar la situación real con la planificada y decidir si es necesario introducir correcciones.
Los avances también alcanzan a la detección de lesiones de la mucosa. Cámaras de alta definición, sistemas de fluorescencia y programas de análisis pueden ayudar a documentar cambios y seleccionar zonas que necesitan un examen más detallado. Estas herramientas no reemplazan la biopsia cuando está indicada, pero facilitan el seguimiento de manchas, úlceras o alteraciones cuya evolución debe controlarse.



