Los puntos débiles de la agricultura española

Los puntos débiles de la agricultura española

La agricultura española ha perdido importancia estas últimas décadas, pero no debemos perder la perspectiva, pues sigue siendo fundamental para nuestro país, especialmente en las zonas rurales.

Un sector donde el clima importa

Todos sabemos que el clima en el sector agrícola es importante. Desde Hida, en su condición de empresa de las más importantes del sector tomatero, creen que muchas veces los usuarios en su día a día se olvidan del gran esfuerzo que realizan las marcas en la búsqueda de la mejor calidad de los productos y en su embalaje. La lucha del sector comparte peligros con otros sectores, pero además hay que sumarle el puramente meteorológico.

La lucha contra la vulnerabilidad

Los estudios lo que hacen es establecer la vulnerabilidad que existe respecto al cambio climático en cada uno de los cultivos de cada zona agroclimática, en especial cuando se habla de la toma de decisiones por los agricultores y los ganaderos cuando se quieren poner en marcha las medidas de adaptación al cambio climático de cara a un impacto menor.

Entre las medidas seleccionadas cuando se quiere reducir la vulnerabilidad, existen muchas y más en un panorama tan variado como es el de nuestro mercado.  Desde tipos de cultivos y su rotación al aumento de la superficie o los cambios en las fechas en las que se produce la siembra o la recolección.

Otro punto importa es de trabajar en el aumento de la eficiencia en los sistemas de riego en los cultivo que están en regadío, un caso que se da en la vid, además de otros cultivos, permanentes, donde la opción es bastante más limitada, puesto que no podemos sustituir el cultivo por otro más adecuado.  Un buen ejemplo lo encontramos en la poda en verde de la vid.

En otros campos como la ganadería, estamos entre, por ejemplo, la ganadería estabulada, donde se apuesta por la ventilación pasiva y la amplitud es el factor más importante para la reducción del estrés término de los animales.

Conclusiones preliminares

Se han producido no hace demasiado tiempo resultados, como el generado por el proyecto LIFE AgriAdapt, del cual podemos extraer  que los cereales tienen una alta vulnerabilidad cuando se habla del cambio climático, tanto por la disponibilidad de agua como por el aumento de las temperaturas, el cual puede variar de forma importante.

Un caso claro lo encontramos cuando hay un par o más de días donde las temperaturas máximas superan los 30 grados, lo que supone que puede provocar asurados en los granos que pueden dar lugar a un rendimiento menor.

Con respecto a las oleaginosas, como puede ser el giralsol, aunque es un cultivo que suele ser mejor para los periodos en los que reina la sequía y resiste mejor que los cereales, también le afecta el aumento de las temperaturas.

Es un hecho que el estrés térmico va a incidir en una bajada del rendimiento por los impactos en la floración y el propio engorde de las pipas. Si vamos a la alfalfa, por ejemplo, el principal estrés término empieza en mayo.

Las precipitaciones intensas que se producen en primavera o en noviembre en la época de la siembra, también pueden llegar a afectar de forma seria a los cultivos.

En el caso particular de los viñedos, deben afrontar un impacto doble, pues el cambio climático afecta al rendimiento, en cuanto a las uvas y su número, así como a la propia calidad en el producto final.

Las elevadas temperaturas y la sequía llevan a un desacoplamiento de la maduración tecnológica, en cuanto a la cantidad de alcohol y fenólica, en base a los aromas del vino.

La leche y su producción también es básica, pero no nos engañemos, los retos son importantes, reduciendo el estrés térmico y de los animales en las granjas siempre es bueno que esté diversificada. De esta forma se asegura que los riesgos van a estar en relación con cada uno de los propios cultivos.

Todos los profesionales del sector saben que la agricultura se somete a muchos peligros y hay que estar al pie del cañón sin descanso, pero también es verdad que se debe potenciar aún más la investigación, tanto en técnicas como en recursos privados y de la administración.

La agricultura en España debe seguir siendo importante y para ello los esfuerzos deben ser continuos y saber que la relajación no cabe en un sector tan competido como éste, donde el mercado europeo y la economía globalizada nos imponen un alto ritmo que hay que seguir.