Auditoría

Una auditoría financiera no es lo mismo que una fiscal.

Una auditoría financiera es un proceso de investigación de cuentas que debería pasar toda empresa, especialmente, si atraviesa por un momento delicado.

Las auditorías fiscales son unas de las auditorías que más suelen contratar las empresas. Ningún empresario quiere que le coja desprevenido la posible visita de un inspector de Hacienda. Como pequeño empresario que he sido, que he llegado a tener mi propia empresa, me atrevería a decir que una auditoría financiera es más importante, si cabe, que una fiscal, ya que te puede resolver muchos problemas que afectan a la supervivencia de la empresa.

Hay empresas que están al corriente de sus obligaciones fiscales, pero que atraviesan una situación financiera complicada. En ocasiones, ni tan siquiera son conscientes de ello. Puesto que muchas inversiones equivocadas, o malas decisiones, tardan tiempo en producir efectos negativos.

Si no se resuelven los problemas financieros, estos terminarán afectando a la relación de la empresa con el fisco. La mayoría de las pequeñas y medianas empresas que tienen deudas con Hacienda no lo hacen porque quieran defraudar, sino porque sus problemas financieros terminan por salpicar a la liquidación de impuestos.

Saber localizar los problemas financieros a tiempo, cuando aún no son lo suficientemente grandes, es primordial para la estabilidad de una empresa. En eso te ayuda una auditoría financiera y contable.

Cualquier inversión importante debería someterse a un estudio financiero. Evaluar cuando se va a amortizar la inversión, qué beneficios nos va a generar a medio y largo plazo, que impacto económico va a tener hasta que aparezcan los beneficios. Qué recursos tenemos para afrontar la situación.

La auditoría financiera es el electrocardiograma de la empresa.

¿Qué es una auditoría?

La Universidad Ramón Llull de Barcelona indica que una auditoría es la revisión de los procedimientos que lleva a delante una empresa, para comprobar si cumple con los requisitos, tanto legales, como con las expectativas del empresario.

De una manera errónea, se suele identificar la finalidad de una auditoría con localizar posibles fraudes. Aquí estamos, una vez más, identificando todas las auditorías con la auditoría fiscal. Hacemos la auditoría para que no nos coja Hacienda. Es más, ni siquiera una auditoría fiscal debería realizarse con este objetivo; sino con el de evaluar los procedimientos que estamos utilizando para declarar al fisco y ver cómo los podemos mejorar para pagar menos u obtener más bonificaciones fiscales.

Una auditoría puede ser interna o externa. La auditoría interna es que la que se realiza la propia empresa. Es poner el departamento de contabilidad o de finanzas a disposición de autoevaluar su funcionamiento. Es como hacer un inventario en almacén. La auditoría externa, por otro lado, la realiza un auditor independiente profesional. Lo cual aporta un nivel de objetividad mayor al informe.

Existen diferentes tipos de auditorías. La fiscal y la financiera, de las que iremos hablando a lo largo de este artículo, pero también tenemos la auditoría operativa, que avalúa la eficiencia de los sistemas productivos y la estructura interna de la empresa; la auditoría informática, que analiza las redes y los sistemas informáticos; la auditoría de recursos humanos, que además de analizar la legalidad de la contratación de la plantilla y de las relaciones laborales, examina como organizarla mejor para que sea más productiva; la auditoría medioambiental, que estudia el impacto sobre el medio ambiente que tiene la actividad de la empresa; y las auditorías de marketing, bastante en boga en la actualidad, debido al auge del marketing digital.

Todas las auditorías siguen técnicas similares: Una recogida de datos del área que se quiere estudiar, un análisis de los mismos, una exposición de conclusiones (en el que se señalan los puntos débiles y los aspectos a mejorar), y una sugerencia de medidas.

Al final es el empresario o el equipo de gestión de la empresa, quien toma las decisiones. Puede darse el caso de que el empresario no esté de acuerdo con las medidas propuestas por el auditor. Aun así, ha recibido una información valiosa que le va a resultar útil para la dirección de la empresa y la toma de decisiones.

La auditoría fiscal. 

Esta auditoría es una revisión de la situación tributaria de la empresa. Requiere una investigación bastante profunda de la compañía; ya que hay muchos aspectos que inciden en la tributación: las ventas, las compras a proveedores, las instalaciones, las inversiones, el patrimonio, etc. Pero todo se enfoca desde el prisma fiscal.

Entre otras cosas, en una auditoría fiscal se estudian todas las declaraciones al fisco que se han hecho: Declaración del I.V.A., Impuesto de Sociedades, Retenciones, etc. y se comprueba si los cálculos son correctos.

También se analiza la contabilidad. Para comprobar que haya una correlación entre los datos contables y fiscales. Y, por supuesto, se evalúan los procedimientos internos: ¿Se cumplen los plazos en la presentación de las declaraciones de impuestos?, ¿Se abonan las liquidaciones cuando corresponde?

A grandes rasgos, esto es lo que haría un inspector de Hacienda. Sin embargo, una buena auditoría fiscal debería ir un paso más allá. Debería identificar riesgos y oportunidades.

Los riesgos son aquellos errores en la tributación que pueden acarrear sanciones o recargos; pero también aquellas acciones que realiza la empresa y que le pueden traer un aumento en el pago de impuestos.

En cambio, las oportunidades son otras acciones o enfoques que se pueden traducir en exenciones o bonificaciones fiscales.

Para hacer una auditoría fiscal es necesario conocer las normas tributarias, pero también el funcionamiento de la empresa.

Auditoría financiera.

La auditoría financiera se corresponde con un análisis pormenorizado de la situación económica de la empresa. Suele coincidir con la presentación de las cuentas y la memoria anual ante los socios y accionistas.

Los auditores de Crowe, una firma internacional que se dedica a prestar servicios de consultoría y auditoría a entidades públicas y privadas, opinan que una auditoría de estados financieros debe ser realizada por profesionales que investigan el funcionamiento de una empresa, no solo sus cuentas, y conozcan el sector en el que opera.

Y es que con el nivel de especialización que estamos alcanzando en la economía y en el mundo empresarial, no todos los sectores aguantan el mismo nivel de endeudamiento. En el sector de las telecomunicaciones, para poder competir, hay que invertir continuamente en I+D (Investigación y Desarrollo). Sin embargo, el alto valor añadido de sus productos les permite soportarlo y conseguir cuantiosas ganancias.

En una auditoría financiera se estudian los documentos contables: El balance anual de resultados, el activo y el pasivo, los gastos y los ingresos. Pero, sobre todo, se proyectan sobre el tiempo. Para ver la repercusión que toda esa actividad va a tener sobre la economía de la empresa.

La auditoría financiera evalúa la situación económica de la empresa, incluido el aspecto fiscal, para optimizar beneficios. Mientras que la auditoría fiscal limita toda su investigación en la repercusión tributaria.

Esta auditoría comprueba la fiabilidad de los datos económicos, pero sobre todo estudia la viabilidad de las inversiones y de las estrategias. Una información extremadamente valiosa para dirigir la empresa en su conjunto.

El análisis de riesgos financieros.  

La web del operador de pagos por internet Stripe dedica un artículo de su blog al análisis de riesgos financieros. Un proceso de investigación de las finanzas diferente a la auditoría.

Este análisis lo realizan las empresas para evaluar la viabilidad de una inversión o el impacto de un crédito sobre las finanzas de la empresa. Al mismo tiempo, las entidades financieras recurren a este sistema para valorar si es conveniente financiar a un cliente que les está solicitando un producto financiero.

Como su propio nombre indica, el análisis de riesgos financieros comienza con la identificación de posibles riesgos. Estos riesgos son internos: ¿Qué le supone a la empresa abonar la cuota mensual del crédito? Y externos: Posible volatilidad del mercado.

El riesgo se evalúa mediante la recopilación de datos, evitando cualquier elemento subjetivo que pueda introducir distorsión. Para ello se recopila el histórico de datos financieros de la empresa, de transacciones, fluctuación del mercado, etc.

Los riegos se clasifican en leves, moderados, graves y muy graves en función del impacto que tenga sobre la economía de la organización y la capacidad que tenga está para poder asumirlo.

Algunos de los riesgos que puede producir una inversión o un crédito son el riesgo de liquidez, el riesgo operacional, el riesgo legal y el riesgo sistémico.

El riesgo de liquidez significa que una empresa pierde liquidez; es decir, fondos disponibles para hacer frente a sus pagos. El riesgo operacional obedece a la pérdida de capacidad operativa que tendría la empresa por asumir la inversión o el pago del crédito (retraso en el pago a proveedores, interrupción en el flujo de materias primas o suministros, etc.)

El riesgo legal responde a cuánto dinero se gastaría la empresa en caso de que se involucrara en litigios judiciales, por no poder hacer frente a los pagos o por no poder cobrar a sus deudores.

Por último, el riesgo sistémico es la amenaza de que estos problemas se hagan crónicos en la vida de la organización.

¿Quién puede ser auditor? 

La universidad online Utamed nos explica que el auditor es un profesional con titulación universitaria en económicas, administración de empresa o derecho (en combinación con conocimientos contables), que posteriormente ha realizado un máster de Auditoría. Para poder ejercer como auditor deberá inscribirse en el Registro Oficial de Auditores de Cuentas (ROAC), para lo que tendrá que pasar una prueba tipo examen y después realizar prácticas supervisadas.

El examen no es una oposición. El auditor es un profesional, que bien trabaja para una empresa auditora o ejerce su actividad de manera independiente, pero necesita una certificación oficial para hacerlo.

La solvencia de un auditor depende en gran medida de su prestigio profesional. De a cuantas empresas o sociedades les ha realizado una auditoría y de la reputación de las mismas.

El auditor debe tener una serie de habilidades, aparte de su formación y conocimientos. Debe ser una persona con una gran capacidad analítica. Capaz de interpretar datos complejos, interrelacionarlos y detectar anomalías. Debe prestar una gran atención a los detalles. No pasar por alto pequeños errores, que con el tiempo pueden sobredimensionarse. Ha de tener un pensamiento crítico. No debe dejarse llevar por la relevancia de sus clientes y cuestionar la veracidad de los datos que recibe. Al mismo tiempo, al proponer medidas o soluciones, debe partir de su propio criterio y de su profesionalidad, sin dejarse influir por terceros.

El auditor ha de hacer gala de habilidades de comunicación efectivas. Debe elaborar informes que sean claros y defenderlos en exposiciones orales, cuando sea necesario, de manera que lo puedan comprender todos los asistentes.

La ética profesional será la piedra angular de su carrera. Sobre la que cimentará su reputación. En todo momento deberá trabajar desde la imparcialidad, la objetividad y ajustándose a los requisitos que establece la ley.

¿Cuándo solicitar una auditoría financiera?  

En España, las sociedades deben auditar sus cuentas si durante dos ejercicios seguidos han superado los 2.850.000 € de activo, si tiene un volumen de negocio superior a los 5.7000.000 € o si tienen más de 50 trabajadores. Cualquiera de estos tres requisitos obliga a una empresa a recurrir a un auditor externo.

Por otro lado, los socios minoritarios de una empresa, que representen al menos el 5% del capital, pueden solicitar en cualquier momento una auditoría externa para aclarar las cuentas.

En los procesos de fusión y absorción de empresas se suele recurrir a la auditoría financiera, para conocer el estado real de la empresa que se quiere adquirir o con la que se desea fusionarse.

El informe de auditoría es un documento de peso a la hora de acudir a un banco para solicitar financiación.

Las grandes empresas suelen presentar una auditoría en la asamblea anual de accionistas en la que se presenta el balance anual de cuentas. Un ejemplo que han seguido muchas otras empresas de menor tamaño. De todos modos, como dijimos al principio, una auditoría financiera es buena para todas las empresas y en cualquier momento.

 

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