Cómo hacer para que una empresa tenga éxito y sobreviva.

Cada año se crean en España decenas de miles de empresas. Los datos señalan que solo la mitad logra superar los 10 años de vida. La idea de constituir un proyecto estable que dure para siempre cada vez es más complicada. El mundo empresarial y el riesgo van unidos, pero hoy en día, el segundo aspecto cobra más fuerza. Una de las claves del éxito y supervivencia de las empresas está en la planificación.

El blog del banco Bankinter señala que en el 2021 se crearon en España 101.134 sociedades y se disolvieron 23.778. Esto supone un 23,5% de liquidación. Para los economistas del banco, estas cifras están dentro de los parámetros normales de regeneración del tejido empresarial. Para muchos empresarios que les ha tocado bajar la persiana les supone tirar por la borda tiempo y dinero invertido.

Otras fuentes que hemos consultado indican que solo el 36% de las PYMES superan los 12 años de vida. Alcanzar esta edad implica un nivel de consolidación y madurez considerable. El quinto año de existencia de una empresa es un momento crítico. Para entonces se han agotado por completo los recursos iníciales. Si no es capaz de crear otros nuevos de acuerdo con su envergadura, la empresa está destinada a desaparecer. Esta muerte suele ir acompañada de una larga agonía en la que se producen complicaciones y se aumentan las deudas.

En los primeros tres años de vida, las empresas van creciendo. Van alcanzando un nivel de desarrollo suficiente para poder competir en un mundo dominado por las grandes corporaciones. En este tiempo, adquieren nuevos recursos (capital, fuerza de trabajo, medios de producción) y se van haciendo un hueco en el mercado.

Si no tienen organizadas sus prioridades y previstos los posibles cambios que se puedan dar en el sector, esto les pasará factura. José Antonio Mora, cofundador de una empresa tecnológica, dice que cuando crearon la empresa tenían un montón de ideas en la cabeza. Ponerse en contacto con Action Project, una consultoría sevillana de dirección de empresas, les ayudó a jerarquizarlas en función de lo que podían conseguir y de la situación del mercado. Este ejercicio ha sido fundamental para encaminarlos en la consecución de objetivos y metas.

Adaptarse a las necesidades del mercado.

Gran parte de las empresas nacen a la luz de una idea novedosa y rompedora. Si esa idea no logra dar respuesta a las necesidades de una parte de la población, no sirve para nada. Muchos autónomos y emprendedores lanzan su actividad económica sin hacer un plan de empresa antes. No es que a mí se me da bien diseñar páginas web y ofrezco mis servicios a terceros, y ya está. Necesitas ver antes, cuántas empresas necesitan que les diseñen páginas web, cuántas empresas o profesionales hay que prestar ese servicio, donde están tus clientes potenciales, cómo te puedes poner en contacto con ellos. Qué les puedes ofrecer para que te elijan a ti y no a otro.

Este es un trabajo de investigación pormenorizado, necesario antes de hacer nada. De poco sirve que pienses que eres un gran diseñador digital, que tengas experiencia trabajando para una empresa, si lo que piensas hacer no satisface las necesidades de una parte del mercado.

Lo mismo sucede con un negocio físico. Eres mecánico y en el barrio en el que vives no hay ningún taller. Piensas que montar uno cerca de tu casa puede ser un buen negocio. Se lo has consultado a algunos vecinos y conocidos y te han dicho que les parece una buena idea, que adelante. Antes de alquilar el local y comprar la maquinaria deberás investigar por qué no hay un establecimiento de esas características en la zona. Donde lleva la gente sus coches a arreglar. Quizás hayas descubierto un nicho interesante o quizás te estés dando de bruces contra la pared y no te estás dando cuenta. No lo sabes porque antes no lo has investigado.

Después de investigar, el siguiente paso es que tus clientes potenciales te conozcan. Vas a entrar en un sector nuevo. En el que hay otras empresas y emprendedores que están realizando el mismo trabajo que tú o alguno parecido desde hace tiempo. Irrumpes en inferioridad de condiciones. Lo primero será darte a conocer y captar a tus nuevos clientes.

Hay trabajadores que después de haber trabajado para una empresa se establecen por su cuenta y piensan que se van a llevar consigo a los clientes para los que realizaban su trabajo. En muchos casos es una idea errónea. Aunque les gustara tu forma de trabajar, ya son clientes de otra empresa. A los usuarios los metes en una dicotomía. Deben elegir entre la empresa anterior, que cubrían sus necesidades, y tú, que le inspirabas cierta confianza.

En este caso, la clientela terminará dividiéndose, pero ¿serás tú el beneficiado? La experiencia suele indicar que no. En el momento en que creas un nuevo proyecto, una parte importante de tu actividad pasará a ser captar nuevos clientes, y para eso antes debes ser conocido.

La vida media de las Startups.

Las startups son pequeñas empresas innovadoras que irrumpen en un nuevo sector o presentan un producto o servicio completamente nuevo. Están relacionadas con las nuevas tecnologías, pero no necesariamente. Este concepto de empresa surge en los años 90 en Silicon Valley (California).

La literatura se ha dedicado a recubrir este modelo de pequeña empresa con un halo de leyenda. El grupo de jóvenes cerebritos, encerrados en un garaje con sus ordenadores, poniendo en marcha un proyecto visionario. Es cierto que algunas grandes empresas como Google empezaron siendo una startup, sin embargo, la realidad de este tipo de negocio es más dura y compleja.

Dice la revista digital It User que el 60% de las startups españolas están constituidas por 2 o 3 emprendedores. Su vida media es de 3 años y alrededor del 50% de ellas empiezan a generar beneficios al cabo de año y medio o dos años.

Una startup solo tiene tres destinos posibles: constituirse en una empresa consolidada, desaparecer o ser absorbida por una empresa mayor. Lo más frecuente es que sucedan los dos últimos supuestos. Estas empresas tienen un carácter experimental. Su función es poner en marcha una idea nueva y ver si funciona. De eso se encargará un pequeño grupo de personas con una fe ciega en el proyecto, que destinan su tiempo y los recursos que tienen disponibles en llevarlo a delante. Si triunfan siempre habrá alguien de la competencia, dispuestos a copiarlos o absorberlos.

Algunas instituciones públicas como Barcelona Activa, una fundación impulsada por el ayuntamiento de la ciudad condal, dicen apoyar la constitución de startups. Los emprendedores pueden enviarles sus proyectos y si ellos lo ven viables, les facilitan un pequeño espacio donde ponerlo en marcha y financiación por medio de subvenciones. Dicen que lo hacen para fomentar el autoempleo y retener el talento.

En realidad, lo que están poniendo en marcha es un laboratorio de iniciativas, en la que los emprendedores asumen todo el riesgo para probar si una nueva iniciativa es viable o no. La experimentación es fundamental para el desarrollo de la economía y las grandes empresas, que son las que manejan el sistema económico, han delegado este papel en los emprendedores.

Objetivos cuantificables, conseguibles y por etapas.

Para poner en marcha una empresa, un emprendedor debe hacer un plan a corto, medio y largo plazo. Lo más importante es el objetivo a largo plazo. Debe pensar: ¿Dónde quiero estar dentro de 5 años? Digamos que esto es lo que guía todo.

Para llegar a ese objetivo debe plantearse ¿Qué situación debo tener dentro de 3 años? Y desde ahí: ¿Qué debo hacer para llegar hasta allí? ¿En qué se refleja durante el primer año?

El plan es una hoja de ruta. Una guía para la acción. Con la planificación en la mano debemos medir los resultados que vamos consiguiendo, tomar decisiones y hacer rectificaciones. Debemos prever diferentes escenarios y posibles problemas que se puedan presentar y plantearnos cómo afrontarlos. Es inevitable que aparezcan situaciones que no habíamos previsto. Un ejemplo de ello fue la pandemia del COVID-19. ¿Quién iba a pensar que el mundo iba a pasar por una epidemia de dimensiones bíblicas que iba a paralizar la economía? Aun así, no es bueno cambiar el rumbo.

Todos los objetivos se deben cuantificar y medir. Es lo que nos permite saber el nivel de éxito que estamos alcanzando, detectar donde están los problemas y tomar decisiones adecuadas.

Por ejemplo, si nos dedicamos a la venta online, para llegar a tal nivel de facturación debemos proponernos hacer X ventas, para eso necesitamos X prospectos (gente interesada) que provienen de X visitas a nuestra página web.

Para alcanzar esos índices pondremos en marcha diferentes estrategias: mejorar el S.E.O. de la web, trabajo de promoción por redes sociales, invertir en anuncios, etc. Los resultados de estas acciones deben medirse con números.

No es un trabajo fácil. Por lo que en muchos casos para que funcionen es recomendable apoyarse en la experiencia y el trabajo de profesionales especializados.

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