Ansiedad y estrés van de la mano en un mundo donde todo va rápido. Existen situaciones en las que es fácil que se despierte la ansiedad a consecuencia del estrés que produce cualquier situación cotidiana. Algo tan “simple” como cumplir un plazo de entrega en el trabajo o en la escuela, obligaciones sociales importantes o conducir a hora punta, puede ponernos ansiosos. Esta ansiedad de grado leve (aunque molesta) ayuda a mantener la mente alerta y concentrada, a la hora de enfrentarse a situaciones que resulten amenazadoras o difíciles.
Dentro de unos límites, es completamente normal e, incluso positivo. No es raro ni malo sentir temor o angustia, ante determinadas situaciones o en determinados momentos. Al contrario, es beneficioso, puesto que nos obliga a movernos, tomar decisiones y actuar. El problema se produce cuando una persona siente un temor extremo y preocupaciones que perduran en el tiempo. Esto puede implicar un trastorno de la ansiedad. La frecuencia e intensidad de este tipo de ansiedad, suele ser debilitante e interferir con el día a día de las personas que la padecen.
Como decimos es natural pasar por un momento de estrés y ansiedad antes de una entrevista de trabajo, antes de un examen o cuando tenemos una cita pendiente. Sin embargo, en la actualidad, el tema de la ansiedad, resulta preocupante, debido al gran número de personas que la sufren. Son muchas las personas que acuden a buscar ayuda psicológica por esta causa, lo que indica que con un tratamiento adecuado y eficaz, los trastornos de la ansiedad, permiten llevar una vida normal y manejarse favorablemente.
A cada tipo de ansiedad, un tratamiento diferente, en función del paciente y sus necesidades. No hablar de ansiedad y meterla en un saco, cada persona puede sufrir un tipo o un grado diferente. En función del tipo y características de la ansiedad, los pacientes pueden optar por un tipo u otro de terapia.
Trastornos de ansiedad y sus características
Los diferentes tipos de trastorno de la ansiedad que pueden presentar las personas, presentan una serie de síntomas comunes y otros más concretos. Dentro de la sintomatología común, como nos cuentan las profesionales en terapia psicológica y Gestalt de PSI Terapia, destacan el temor extremo, la falta de aire, taquicardia, insomnio, nauseas, temblores y mareos.
Este tipo de trastornos de la ansiedad, pueden producirse en cualquier momento de la vida, aunque es frecuente que se presente en la adolescencia o el inicio de la vida adulta. Existen evidencias de que pueden ser hereditarios, puesto que los genes y las primeras experiencias de aprendizaje en las familias, hacen que algunas personas sean más propensas a padecerlos.
Dentro de los diferentes trastornos, encontramos los que siguen a continuación.
El trastorno de la ansiedad generalizado, es uno de los más comunes. Las personas que lo padecen, sufren miedos o preocupaciones recurrentes, como la salud, la situación económica y, con frecuencia, tienen la sensación continua de que algo malo va a pasar. El origen de este tipo de sentimientos intensos de ansiedad, puede ser difícil de identificar, pero los temores y preocupaciones son muy reales, impidiendo que las personas conecten con sus tareas cotidianas.
Otro trastorno de la ansiedad, es el denominado trastorno de pánico que implica, sentimientos repentinos e intensos, no provocados de terror y pavor. Por lo general, quienes sufren este tipo de trastorno desarrollan mucho miedo respecto a cuándo y cómo se producirá el próximo ataque de pánico, lo que inevitablemente, limita su actividad y condiciona su día a día.
El trastorno relacionado, combina fobias o miedos intensos, ante determinados objetos o situaciones. Las fobias específicas pueden incluir situaciones que le generen ansiedad como encontrarse con determinados animales o volar en avión. En tanto que la fobia social, implica un miedo relacionado con el entorno social y los lugares públicos.
Más conocido es el trastorno obsesivo compulsivo (TOC), caracterizado por sentimientos o pensamientos persistentes, incontrolables y no deseados, denominados obsesiones, y rutinas o rituales que llevan a cabo las personas que lo sufren para evitarlos o liberarse de los pensamientos (compulsión) que los acometen. Ejemplos de las compulsiones son lavarse las manos, limpiar en exceso por miedo a los gérmenes, verificar las cosas una y otra vez….
Las personas que sufren un grave trauma físico o emocional, a consecuencia de un desastre natural, un accidente o una agresión, pueden experimentar lo que conocemos con estrés postraumático. En este tipo de trastorno de la ansiedad, los pensamientos, sentimientos y patrones de conducta, están afectados por el recuerdo de los sucesos vividos. Esta situación puede darse durante meses o incluso años, después de que se haya producido la experiencia traumática.
Ante el padecimiento de cualquiera de estos trastornos de la ansiedad o la sospecha de que se pueda padecer alguno, conviene buscar la ayuda adecuada. De no tratarse como es conveniente, las consecuencias pueden ser graves para la persona. Por ejemplo, las que padecen ataques de pánico recurrentes, evitan ponerse en situaciones que consideran puede desencadenar un ataque. La conducta evasiva, puede conllevar problemas en el entorno laboral, con las obligaciones familiares o cualquier tipo de actividad cotidiana.
Tratamientos psicológicos para tratar la ansiedad
Afortunadamente, los trastornos de la ansiedad, pueden tratarse de forma más que satisfactoria en la mayoría de los casos. Los profesionales de la salud metal, están plenamente capacitados y conocen bien este tipo de problemas. Son muchas las investigaciones que avalan la terapia de cognitiva y la terapia cognitivo conductual, de gran eficacia para tratar la ansiedad. Siendo la terapia cognitivo conductual la más utilizada por los psicólogos para ayudar a los pacientes con su trastorno de ansiedad, para identificar y aprender a controlar los factores que al propician.
La terapia de conducta, conlleva la aplicación de técnicas dirigidas a reducir o frenar las conductas no deseadas, asociadas directamente con el trastorno de la ansiedad. Como ejemplo, una táctica implica tratar a los pacientes mediante técnicas de relajación y respiración profunda, de manera que se contrarreste la agitación e hiperventilación que acompaña a los trastornos en determinados momentos.
Mediante la terapia cognitiva, los pacientes aprenden a entender como sus pensamientos influyen a que los síntomas del trastorno aparezcan, al mismo tiempo que enseña a modificar los patrones seguidos, para reducir la recurrencia de los mismos y la intensidad de la reacción. La conciencia cognitiva aumentada en el paciente, se combina con técnicas conductuales que permiten ayudar a la persona a que se enfrente y tolere de forma gradual, las situaciones que provocan su temor y ansiedad, dentro de un entorno controlado y seguro.
Si a la psicoterapia se le añade un tratamiento farmacológico adecuado (en caso de necesidad), la medicación adecuada y eficaz, puede ser crucial para el tratamiento. En los casos en los que es necesario recurrir a los tratamientos farmacológicos, el paciente debe llevar el seguimiento del médico especialista que proponga el tratamiento, en colaboración con el psicólogo. Resulta esencial que los pacientes que deben recurrir a la medicación, tengan presente que los fármacos pueden provocar efectos secundarios que deben ser controlados.
Lo mejor es contar con un profesional cualificado, a ser posible un buen psicólogo autorizado y con la experiencia necesaria. Estos profesionales están cualificados para diagnosticar y tratar los trastornos de la ansiedad sin necesidad de recurrir a los medicamentos, salvo casos más graves. Los psicólogos conocen las diferentes terapias que pueden utilizarse en función del paciente y sus necesidades.
Es habitual que en algunas ocasiones, los psicoterapeutas recurran de forma simultánea a la terapia individual y a la terapia de grupo. Esta última suele hacerse entre personas con un trastorno similar pero sin relación entre ellas. Se trata de una manera eficaz de proporcionar apoyo. Además, la psicoterapia con los miembros de la familiar puede ayudar a entender la ansiedad que sufre el ser querido, aprendiendo nuevas formas de interactuar entre ellos, sin agravar la ansiedad ni los comportamientos relacionados con ella.
La gran mayoría de personas que padece algún trastorno de ansiedad, puede llegar a reducir o eliminar sus síntomas, retomando su vida normal en cuestión de unos meses, en manos de un buen psicoterapeuta. Muchas notan los progresos en la eliminación de síntomas y la recuperación de su capacidad funcional en pocas sesiones. Sin embargo es importante entender que los tratamientos para este tipo de trastornos no son de efecto inmediato. El paciente debe sentirse cómodo desde el inicio del tratamiento y con el terapeuta. Su cooperación es indispensable, por lo que debe crearse una sensación de colaboración mutua para superar el trastorno.
Ninguna terapia da buenos resultados con todos los pacientes. El tratamiento debe adaptarse en cada momento a las necesidades de cada uno y su tipo de trastorno. Por lo que paciente y terapeuta deben trabajar juntos y evaluar si el plan propuesto funciona y va por el buen camino. Puede ser necesario realizar ajustes en el plan, pero eso no implica que este mal diseñado, tan solo que hay que ir adaptándolo y adaptarse.
Lo que si podemos asegurar, es que en manos de un buen terapeuta, la ansiedad puede llegar a desaparecer. Siempre y cuando, quien la padece ponga de su parte y siga las pautas de su psicólogo.



