El jamón en el mundo ¿por qué hay culturas que no lo comen?

El jamón en el mundo ¿por qué hay culturas que no lo comen?

Para los españoles el jamón forma parte de nuestra cultura. No nos podemos imaginar la vida sin él. Siempre está presente en todas las celebraciones, y cuando hay un buen jamón, no hay que pueda enfrentarse. El jamón siempre es el protagonista de las bodas. Incluso en algunas es más importante que el propio vestido de la boda. Sin embargo, no en todas las culturas el jamón tiene ese protagonismo. ¿Por qué? Nosotros te lo contamos.

Judíos, musulmanes, cristianos…son muchas las religiones que hay en el mundo. Y curiosamente las dos primeras no permiten comer jamón. ¿Por qué? Pues esa es la gran pregunta que nosotros nos hacemos. Nos preguntamos acerca del motivo de que unos pueblos rechacen el mismo animal que otros aman, e indagamos en los hábitos alimenticios aparentemente irracionales de distintas comunidades.

Judaísmo

El judaísmo es la religión más antigua de las principales religiones monoteístas surgidas en Oriente Medio. Pues bien, también fue la primera en denunciar al cerdo como un animal impuro en el Libro del Génesis y del Levítico. El profeta Mahoma quien señala también al cerdo como un animal contaminado. Yahvé y Alá prohíben el cerdo para millones de judíos y cientos de millones de musulmanes. ¿Por qué?

Pues según Marvin Harris y su libro Vacas, cerdos, guerras y brujas lo repasa muy bien. Es la creencia de que el cerdo era un animal muy sucio puesto que se revuelca en sus propios excrementos. Sin embargo, el antropólogo considera esta razón insuficiente e incierta para justificar por qué los musulmanes y judíos no comen cerdo, puesto que otros animales como las vacas, si permanecen en un recinto cerrado, pueden llegar a hacer lo mismo.

Musulmanes

El consumo de carne de cerdo y productos hechos de esta están estrictamente prohibido en el islam. El origen de esta prohibición está en Sūrat al-Baqarah:

“Él solo te ha prohibido lo que muere de sí mismo, y sangre, y carne de cerdo, y aquello sobre lo que se ha invocado cualquier otro (nombre) que (el de) Dios; pero quien sea impulsado a la necesidad, sin desear ni exceder el límite, no habrá pecado sobre él; seguramente Allah es el que más perdona, el más misericordioso”.  Para un musulmán, es suficiente con solo leer este versículo diciendo que el cerdo está prohibido.

El Sagrado Corán menciona en el capítulo 2:188:

“Y no consumir la riqueza de su mutua injustamente o enviarlo [en sobornos] a los gobernantes a fin de que [podrían ayudar a] consumir una parte de la riqueza de la gente en el pecado, mientras que usted sabe [es ilegal ].”

Científicos

En el punto de vista científico, el cerdo contiene micro-organismos como helmintos, como áscaris, oxiuros y anquilostomas entre otros. Uno de los más peligrosos de estos gusanos es Taenia solium, que en la terminología de un laico se llama solitaria. Se alberga en el intestino y es muy largo. Sus huevos, entran en el torrente sanguíneo y pueden llegar a casi todos los órganos del cuerpo. Si entran en el cerebro puede causar la pérdida de memoria. Si entra en el corazón que puede causar un ataque cardíaco y si entra en el ojo que puede causar ceguera. Si penetra en el hígado que puede causar daño al hígado. Puede dañar casi todos los órganos del cuerpo.

Antropólogos han desarrollado la teoría de que la razón principal de la prohibición está relacionada a que los cerdos no eran animales que se pudieran aprovechar en su totalidad puesto que su piel no se puede usar, no produce leche y no sirve como animal de carga. Además de esto, básicamente se alimentan igual que los humanos. Sin embargo, eso no nos llega del todo, porque si hay un animal del que se aprovecha todo es del cerdo. Solo hay que hablar con Iberjagus, para comprobar cómo son sus alimentos.

Como bien dice el refrán, “del cerdo gustan hasta los andares” y para aprovechar lo mejor de cada parte lo mejor es conocer de dónde sale y cómo se puede cocinar. El secreto, la pluma, la presa… son partes del cerdo menos habituales en las cocinas caseras pero que nos van resultando familiares gracias a las cartas de los restaurantes. Darse en casa el mismo festín solo requiere saber cómo es cada una de ellas y cómo cocinarlas.

Nosotros respetamos todas las religiones, y entendemos que por sus creencias no quieran consumir jamón, ahora bien, solo les decimos una cosa, “no sabéis lo que os estáis perdiendo”.