Perdida

por Alexander Zárate

Las apariencias son las trincheras donde tiene lugar la cruenta contienda. En una dirección, te preguntas, ¿Qué piensa? ¿Qué siente? Y cuando el tiempo  transcurre y se aposentan y enturbian las marañas y las cicatrices, irrumpe otra pregunta ¿Qué nos hemos hecho el uno al otro? En la otra dirección, la constatación de que todo depende de cómo te presentes a los demás, de qué imagen proyectas, de qué piensan de ti.

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Cuadernos rusos

por Goio Borge

En la distopía que describían Ray Bradbury y François Truffaut en Fahrenheit 451, en que la palabra escrita está prohibida y por ello no existen los libros, la información llegaba a los ciudadanos no sólo por la televisión sino también mediante periódicos cuya única composición eran las imágenes descriptivas de las noticias. Ese futuro imperfecto recuperaba la narración gráfica para tener al pueblo informado, como sucedía en épocas en que el analfabetismo era común. Pero la idea de los periódicos visuales en cierto modo anticipaba el periodismo en la narración gráfica, uno de los géneros en los que el lenguaje artístico del cómic también se introduce, en piezas que podrían ser paralelas al reportaje televisivo o al documental cinematográfico, si caemos en ese falso reduccionismo tendente a equiparar cómic y audiovisual.

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El giro de italia

por Paz Olivares

Cuando en 1949 el Corriere della Sera le encarga cubrir el Giro al escritor Dino Buzzati, el periódico contaba con prestigio internacional a pesar de su larga ausencia. Tras ser intervenido por el régimen fascista de Mussolini en 1925, el Corriere reapareció tras la Segunda Guerra Mundial con el propósito firme de recuperar la dignidad arrebatada. Cuatro años le bastaron para conseguirlo. Tanto Mario Borsa como Guglielmo Emanuel, directores ambos del diario en esos primeros años de recuperación, habían desarrollado su carrera como periodistas desde la vieja escuela, es decir, esa en la que al periodista se le exigía ser escritor; es más, buen escritor. Lo de la objetividad venía después. Así que tuvieron claro que para recuperar el prestigio del periódico debían contar con los mejores escritores del país. Buscaron al poeta Eugenio Montale, para contratarle como crítico musical y en aquella primavera del 49 contactaron con Buzzati para que escribiera las crónicas deportivas de la carrera más popular de Italia.

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