La alquimia como relato. El diablo me obligó, de F. G. Haghenbeck

por Miguel Carreira

 En Trago amargo Haghenbeck entreveraba la coctelería con la novela negra. La pasión por la mezcla es una constante en el trabajo del mexicano. Aquella Trago amargo, sin ir más lejos, llevaba la acción al rodaje de La noche de la iguana, con lo que ya teníamos el tercer ingrediente de la mezcla: cine, cóctel y literatura. Para Haghenbeck la mezcla de géneros y de elementos no es sólo una barrera que saltar. No es sólo que considere que las limitaciones genéricas son una cortapisa que se debe ignorar. Hay, o parece haber, un esfuerzo consciente por la atracción de distintos materiales, como un químico que se afanase en mezclar el mayor número de elementos posibles en su probeta.

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