Nuevas Hazañas Bélicas, #1-20, de Hernán Migoya y V.V.A.A.

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por Roberto Bartual

Ya comenté en otro artículo que las Nuevas Hazañas Bélicas de Hernán Migoya, más que un ejercicio de memoria histórica, son un acto de justicia. Migoya traiciona la «verdad histórica» con la misma felicidad con que lo hace un Tarantino o un Peter Watkins, pero igual que estos, trata de utilizar su versión alternativa de lo ocurrido para comunicar otra suerte de verdades. La primera: que el horror y las atrocidades que se relataban en las antiguas Hazañas Bélicas de Boixcar eran, en realidad, el horror y las atrocidades de la Guerra Civil Española, a pesar de que sus historias estaban ambientadas siempre en Corea o en Alemania, puesto que la larga sombra del régimen determinaba lo que podía publicarse y lo que no.

La segunda verdad: que solo la ficción puede ajustar las cuentas con los libros de historia, que han permitido que seres infames como el general Moscardó, alguien que dejó morir a su hijo para no tener que liberar a rehenes republicanos, sigan siendo tratados con un halo de respeto que no se merecen. O ajustar también las cuentas con gente como Juan Antonio Samaranch, que como tantos otros, ocuparon durante mucho tiempo puestos de poder sin hablar nunca de su pasado falangista.

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Moscardó expone su opinión sobre los republicanos católicos. Dibujo de Kim.

Hernán Migoya rompe un tabú al abandonar el realismo típico de las narraciones bélicas sobre la Guerra Civil, convirtiéndola en una narración de género para, a través de la hipérbole, hacer que afloren verdades mayores. Variedad de géneros es algo que no le falta a estas Nuevas Hazañas Bélicas. De la mano de Cels Piñol, Migoya toca el de superhéroes, haciendo que un brigadista americano escriba una obra sobre Los Vengadores para la antigua compañía de Lorca; el género del folletín tintinesco, haciendo que Escandell dibuje a Samaranch con el mismo aspecto aflautado que el reportero belga; el western, con una estupenda historia de amor bandolero dibujada por Pedro Rodríguez; o las películas de nazis, haciendo que el mismísimo Jan Europa (dibujado por Edmond, su autor) se enfrente a Himmler como si fuera Indiana Jones para arrebatar de sus manos el Santo Grial encontrado en Montserrat.

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La batalla de Teruel según Calpurnio

Ante una nómina tan grande y heterogénea de dibujantes es lógico que el estilo de algunos de ellos encaje mejor que el de otros con la poética de la mugre que caracteriza a Migoya, un autor que sabe la capacidad que tienen de conmover un diente roto o un ojo morado. Así ocurre con Kim (Con el Moscardó tras la oreja), que a cada día que pasa, más adquiere la habilidad de Crumb de capturar el gesto justo; o con Javi Fernández, cuya sucio pero preciso estilo resulta de lo más apropiado para ilustrar el relato de venganza a la E.C. Comics que Migoya se marca en El novio de la muerta. También cabe reseñar la que para mí ha sido la mayor sorpresa de estas Nuevas Hazañas Bélicas, la colaboración de Calpurnio en Pánico en la Muela, una historia sobre el sitio de la Muela de Teruel. En medio de un relato tan descarnado y brutal, la ternura de los monigotes del autor de Cuttlas: una pequeña flor creciendo sobre un montón de mierda, precisamente lo que Migoya se propone siempre retratar en sus mejores obras.


factor-critico-nuevas-hazañas-bélicas-sliderNuevas Hazañas Bélicas
Hernán Migoya y varios autores
Cuadernillos con grapa de 12 pp., c/u
8,95€, cada 2 ejemplares
Glénat/EDT

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