Autobiografía inesperada; Rat Girl de Kristin Hersh

por Miguel Carreira 

Creo que la mejor frase que he escuchado nunca acerca de la vejez es una que citaba Paul Auster, aunque no es de Paul Auster, en realidad. Él la citaba como la mejor frase que, a su vez, él, había escuchado acerca de la vejez y que era algo como: «Qué raro que esto le pase a un niño».

Rat Girl es el libro de memorias de Kristin Hersh, cantante y guitarrista de Throwing Muses. Rat Girl no es un libro sobre la vejez. Todo lo contrario, trata un año de la vida de Hersh, el año en el que, con apenas dieciocho años, le diagnostican un trastorno bipolar, se muda con su grupo a Boston, graba su primera maqueta, graba su primer disco y se queda embarazada. Un lote nada desdeñable de acontecimientos que, de encontrarnos en una novela, tal vez habríamos rechazado por inverosímil. O tal vez no, porque tal vez quisiéramos creerlo de todas formas. Tal vez quisiéramos darle a Hersh el voto de confianza necesario para contar su historia. Lo cierto es que Rat Girl es un libro imprevisto que quizás ni siquiera teníamos derecho a esperar.

No sé si el lector comparte esta opinión, pero el que suscribe encuentra bastante fácil acomodarse a ciertas prevenciones cuando encara las memorias de una estrella del rock. A este tipo de prevenciones hay quien les llama «prejuicios», y es un nombre bastante exacto. Podría extender dichos prejuicios a las autobiografías en general. Si toda obra, en alguna medida, es un esfuerzo vehemente por afirmar una verdad –y esto se puede decir de obras muy modestas, incluso de esta crítica– en el caso de las autobiografías frecuentemente resulta incómodo encontrarse con esa vehemencia aplicada a los propias vivencias y a la propia verdad. Si dichas vivencias, además, se interpretan a partir de la clave del éxito –así triunfé yo, así llegué a mi lenguaje, así se forjó mi obra– la combinación puede llegar a ser irritante. No se trata simplemente de una cuestión de simpatía o antipatía respecto de la vanidad ajena. Se trata también del crédito que la obra merece y la cercanía que dicho crédito permite establecer entre el lector y el libro.

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La prueba y el análisis son términos que difieren. La prueba establece que algo ha tenido lugar. El análisis demuestra por qué. Las biografías y, aún más, las autobiografías son –contra lo que se pudiera pensar– por norma, analíticas. Se trata de explicar las razones que prueban por qué nos interesa una personalidad determinada. Aunque no creo que estuviese en la cabeza de Hersh establecer una respuesta a esta tesis, lo cierto es que Rat Girl se puede considar un refrescante ejemplo de autobiografía encomendada únicamente a la prueba. En este sentido, la propuesta es tan extrema que Hersh no se limita a «probar» (testimoniar) que han ocurrido determinados hechos –diagnóstico de bipolaridad, grabaciones, visitas a bares, amistad con una antigua estrella de Hollywood, embarazo–, sino que, además evita aludir incluso a las razones más inmediatas que están detrás de esas causas. La más llamativa de estas lagunas, de estas causas no expuestas, quizás sea el embarazo de Kristin. En las memorias no sólo no se alude al padre de la criatura, sino que, hasta el mismo momento en el que sabemos del embarazo, tenemos la impresión de que Kristin camina por la vida con una asexualidad plena. Se diría que a Kristin la ha embarazado un test de fertilidad.

No es la única vez. El ataque de manía depresiva de Kristin, aunque sí se muestra, sucede en una atmósfera onírica que lo suspende. No hay cortes, en realidad. No se trata de un staccato. Lo verdaderamente sorprendente es que la visión subjetiva del capítulo está aterradoramente cerca de lo que podría ser el acontecimiento real, en el que lo más dramático es lo más breve: un relámpago, un corte. En Rat Girl tenemos la impresión de que lo más dramático y lo menos dramático le merecen a la autora exactamente el mismo espacio, como si la vida fuese una construcción de bloques uniformes donde cambia el color, pero no las dimensiones ni la consistencia. Grabar un disco o ir a casa de un amigo en furgoneta son acciones que difieren en importancia por sus consecuencias. Pero, en sí mismas, son segundos que se queman, material de tiempo que se emplea.

Resulta difícil describir Rat Girl como un libro de memorias. Primero, porque ocupa sólo un año de la vida de la autora, lo cual, como libro de memorias, es un lapso inusual. En segundo lugar, porque está escrito como una novela. La narración echa mano de descripciones, diálogos e incluso de situaciones novelescas. Uno está muy tentado a creer que Betty, la vieja actriz de Hollywood con la que Hersh traba amistad durante la universidad, no es más que una señora chalada –una encantadora señora chalada, eso sí– que sólo cuenta historias fabulosas sobre su juventud en Hollywood para impresionar a su joven y amiga. Incluso, si uno ha leído la contraportada del libro y ya está avisado de los problemas de salud mental que atravesó Hersh en ese periodo, existe la tentación de suponer que Betty pueda resultar una alucinación o algo por el estilo. Luego resulta que no, que Betty fue una mujer de verdad, que tuvo un pasado de verdad en Hollywood y que, efectivamente, le gustaba presentarse en los primeros conciertos de Throwing Muses acompañada de bienintencionados curas católicos que levantan compulsivamente los pulgares en señal de aprobación.

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¿Quiere esto decir que todo lo que aparece en Rat Girl es rigurosamente cierto? Lo desconozco, pero lo dudo. Mi impresión personal es que el lector haría bien en desconfiar de ciertas situaciones, de la literalidad de algunos diálogos y de las características de según qué personajes. En una breve anotación al principio del libro Hersh advierte: «Betty me enseñó que nunca se puede decir del todo la verdad; no siempre resulta pertinente ni agradable. Hay que dejar ciertas cosas atrás para poder contar tu relato».

Si es novela, relato, reportaje o memorias, al final es una cuestión que el lector seguramente sólo retomará una vez terminada la lectura. Antes de eso estará ocupado con este libro que, tal vez, no teníamos derecho a esperar. Un libro con el que tal vez podríamos haber sido injustos si, por ejemplo, nos hubiésemos tomado muy en serio nuestras precauciones ante determinados tipos de libros (esto es, autobiografías del rock) o si, simplemente, hubiésemos leído esta misma reseña –en la que se habla de las memorias de una adolescente enfrentada a un trastorno bipolar y a un embarazo en el mismo momento en el que se queda embarazada– y no hubiésemos llegado hasta este punto, hasta el momento en el que decimos que, a pesar de todo, Rat Girl es un libro tremendamente divertido. Sobre todo, porque Hersh posee un notabilísimo talento para la narración, porque tiene unas dotes fabulosas para la observación de detalles, porque maneja recursos literarios, imaginación, sentido del humor y una ternura conmovedora que ejerce hacia prácticamente cualquier personaje que se interponga en su camino.

factor-critico-rat-girl-real-ramona-imagenYa lo decíamos antes: ¿son reales o fieles a la realidad todos los personajes que aparecen en Rat Girl? Seguramente no. Quizás todas las personas hayan existido, pero me parece difícil creer que no haya más de uno o dos diálogos inventados. No creo que sea demasiado importante. Hace una semana, el que suscribe –que no es lo que se dice un erudito en cuestiones musicales– no conocía la existencia de un grupo llamado Throwing Muses. Un libro y cuatro discos después (incluido un extraño trabajo con un extraño título: The Real Ramona) al que suscribe no le afecta demasiado si Dave (el batería) es tan increíblemente paciente como muestra Hersh en este libro o si el primer productor musical del grupo era capaz de levantarse a las cuatro de la mañana para charlar con ella acerca de lo que había visto en el parque, a pesar de (o precisamente por) que ese día Hersh se había fugado del estudio y, presumiblemente, le había hecho perder un par de miles de dólares.

Nos da igual si todo eso ha sucedido o no. La verdad, al fin y al cabo, es una forma de análisis o una forma del análisis. A Hersh le da igual. A nosotros no nos importa. Lo que tendremos delante es la construcción de una novela en la que los hechos, simplemente, suceden. En la que una adolescente (me atrevería a decir que ésta es, más que otra cosa, una novela sobre la adolescencia) se enfrenta con humor e inteligencia a uno de los sucesos más curiosos de eso que se llama la existencia humana. Sujetos expuestos a una larga cadena de acontecimientos que se van alargando indefinidamente hasta que, cierto día, un anciano se mire en el espejo, se sorprenda de sus arrugas y piense aquello de: es raro que esto le pase a un niño.


factor-critico-rat-girl-finalRat Girl
Kristin Hersh
Alpha Decay
Traducción de Sofía González Calvo
ISBN: 978-84-92837-45-8
2012
416 pp

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