Papeles

por Tabaret

No tenemos ninguna intención de convertir Malas Pulgas en una sección política, pero de vez en cuando conviene pasarse por ese barrio que es la política nacional. Al fin y al cabo esta es una sección satírica (esa es al menos la excusa oficial) y nos lo dejan tan fácil, mire usted, que da pena despreciarles el regalo.

Este artículo gira alrededor de un chiste. Usted ya conoce el chiste, pero se lo vamos a repetir, porque forma parte de nuestro argumentario y porque un chiste bien contado siempre ayuda a pasar el día. Un guardia civil se para en la carretera, tieso como un estoque, brillante como un estoque, amenazante como un estoque. Un guardia civil, en resumidas cuentas, se para en la carretera como un estoque, levanta el brazo y da el alto a un coche que venía por esa misma carretera en ese preciso momento —haciendo gala de un gran sentido de la oportunidad puesto que, como el lector comprenderá, si el coche hubiese circulado por otra carretera o en otro momento preciso el gesto de nuestro guardia habría quedado simplemente para la galería y el chiste habría quedado reducido a bien poca cosa.

El caso es que nuestro guardia da el alto al coche. El coche pasa a su lado como un rayo, pero tan cerca, en realidad, que nuestro pobre guardia tiene que dar un brinco a la cuneta para no ser atropellado. Se gira y ve que el coche se ha parado, sí, pero unos quinientos metros más adelante. En un estado psicológico que podemos situar en algún lugar del mapa emocional entre el mosqueo, la furia y la ira homicida el guardia sube a su moto y va junto al coche que acaba de parar. Pega dos golpes con el nudillo en la ventanilla y dice aquello de «¿Qué, cómo vamos de papeles?» A lo que el conductor del vehículo responde «Igual que de frenos».

(breve espacio para la risa del respetable)

No sé si se sabía usted el chiste. Es posible que sí, porque es un chiste viejo. Lo supiera o no, el chiste es bueno, sin discusión. Si a usted no le ha hecho gracia, es culpa suya: el chiste es bueno. Además, de esto, y quizás de esto no se haya dado cuenta hasta ahora, no sólo es un chiste que da mucha risa, si se fija atentamente es un chiste de crítica social.

Recientemente habrá usted oído decir que cabe la posibilidad de que determinados cargos de cierto partido político hayan recibido gratificaciones en dinero negro por parte de su partido. No, no vamos a decir ahora de qué partido se trata porque no queremos que nos acusen de participar en conspiración alguna. Diremos simplemente que se trata de un partido político (pp, para abreviar) de los más importantes de este país. Un partido político que, ante estas acusaciones, ha respondido con una rotunda incredulidad, aunque algunos de sus representantes hayan hecho gala de una postura ambigua en la que no quedaba del todo claro si lo que les producía incredulidad era que acusasen de tamaña fechoría a su partido o que dicha fechoría se hubiese cometido sin que ellos se hubiesen enterado de nada. Ya saben: aquello de no me consta.

Entonces sucede algo parecido al chiste. No sabe uno si es peor la infracción o la disculpa. No sabe uno si se puede disimular un crimen cometiendo otro peor y no sabe uno si fingirse imbécil va a seguir siendo durante mucho tiempo una disculpa válida en este país. Porque esto es lo que está pasando. Estamos gobernados por un rebaño de individuos que, cada vez que son acusados de falta de honradez responden con alarmante velocidad que de eso nada, mire usted, que ellos son inútiles y a mucha honra. En ningún partido político se han cobrado sobresueldos, dónde va a parar. Lo que pasaba es que había tunantes en elevadísimos cargos que se dedicaban a sisar un par de millones de aquí o de allá. Pero eso no es punible, oiga. Eso le pasa a cualquiera. Eso no quiere decir que uno tenga que dar explicaciones por haber tenido a un chorizo asándose los chorizos al ladito del sancta sanctorum que caldea nuestra democracia.

Puede usted pasarse al otro lado, a ver si encuentra algo mejor. Yo le voy avisando de que por allí lo que se va a encontrar es un sitio en el que se le pueden pagar hasta tres mil euros por artículo a quien sabe qué articulista fantasma, de la que nadie sabía nada y sobre la que nadie tenía noticia ni razón. Al fin y al cabo, eran un par de miles por artículo, todo muy normal. Es perfectamente razonable, por tanto, que los pobres dirigentes del partido en cuestión se hayan visto estafados. ¿Quién se fijaba en esas menudencias? ¿Acaso en su oficina cuentan los bolis? Al chorizo había que echarlo, claro. Y se hizo, por supuesto. Por encima de la línea de la marea, eso sí, nadie se despeina. Estas cosas son así. Ni rastro de mala gestión.

Vivimos en un país en el que la honradez de la clase política no es un atributo que se supone, sino algo que hay que defender, y cuya defensa requiere tanto esfuerzo que no deja espacio para mucho más. Por alguna razón, la honradez se ha convertido en lo más valioso de nuestra clase dirigente, quizás por aquella vieja ley de la oferta y la demanda. Del presidente del gobierno hemos oído decir en las últimas semanas que es un tipo honrado. Se ha repetido hasta que el sentido se ha ido disolviendo como un terrón de azúcar bajo el chaparrón. La insistencia es comprensible, porque se ha repetido para responder a los ataque lanzados contra él. Lo sorprendente es que el mismo presidente ha sido atacado en numerosas ocasiones por otras muchas cuestiones sin que se haya producido una defensa tan cerrada de él personalmente, es decir, no de la política, sino del individuo. Se le ha acusado de ineficiente, de incapaz, de deslealtad hacia su propio programa político, de debilidad, de cobardía por sus muchas ausencias y nunca su partido se giró como un animal azuzado invocando su inteligencia, su rigor, su valentía… Sólo ahora, cuando se pone en duda su honradez, quizás porque, de todas estas cuestiones, la falta de honradez es la única que puede llegar a ser castigada fuera de su pequeño corral. Mientras todo se quede dentro de él, están a salvo.

Revista cultural Factor Crítico. Somos una revista dedicada a la crítica de cine, crítica literaria, crítica cultural, crítica de ensayo y crítica de cómic

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