Orson Welles

Por el amante de la cafeína

Orson Welles. Vaya nombre. Con un nombre así ya se tiene el camino medio andado. Es un nombre que casi pesa. «Orson Welles» viene a ser sinónimo de gran cine, de cine clásico, de ponerse en pie y ajustarse el nudo de la corbata mientras se dice/piensa: «Hombre, Orson Welles». A mí Orson Welles no me dice mucho. O, al menos, no me dice tanto. Taranto. El hecho de que se suicidase le añade atractivo a su figura (y que le gustasen los toros, los puros y las señoritas). Pero, alto, ahora resulta que, mirando en Wikipedia, me entero de que no se suicidó sino que murió de un infarto. Pues sí que estamos bien. Resten pues algo de atractivo a su figura. A Orson Welles se le suele adjetivar de «(personaje) excesivo». Lo cual no añade mucho. Es como decir que Sam Peckinpah facturaba un western «crepuscular». La primera vez que se dice mola. Mucho. Después, pues algo menos (¿qué diablos quiere decir «crepuscular»?, ¿que está mal iluminado?, ¿que sólo se pegan tiros al anochecer (con los inconvenientes que eso conlleva)?). Me da que lo de «personaje excesivo» va a ser un eufemismo para «gordo».

Ciudadano Kane. Ciudadano Kane nos cuenta la historia de un tipo hecho a sí mismo (otra expresión a deconstruir, por cierto), un hombre que acaba siendo muy rico y poderoso pero que, al morir, se siente solo y echa de menos la ingenuidad (o la ilusión, o lo que sea) de su infancia. La cuestión es que todo el mundo se siente solo al morir (supongo). No faltará quien piense: «Pues, ya puestos, que me coja con dinero» (o, más castizamente: «que me quiten lo bailao»). Ciudadano Kane tarda en ir al grano —no tiene un ritmo endiablado, no— y, según acabamos de ver, lo que cuenta tampoco es que nos desvele los sacros misterios de la existencia. El principal problema de Orson Welles es que no era americano. Nadie sabe cómo ni por qué, pero el caso es que, siendo muy joven, le dieron dinero y manga ancha para rodar lo que quisiera. Y se convirtió en el director europeo más visto en Hollywood. Porque Orson Welles, aunque nació en Wisconsin, no era americano. Hacía un cine así como alemán. Largo —o mejor, alargado—, pretendidamente intenso y un poco operístico. Y eso, digan lo que digan los libros, nunca termina de funcionar. A mí el que me gusta es el Orson Welles actor; el de, por ejemplo, El largo y cálido verano. Otro día vuelvo a por Peckinpah.

Revista cultural Factor Crítico. Somos una revista dedicada a la crítica de cine, crítica literaria, crítica cultural, crítica de ensayo y crítica de cómic

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5 comentarios sobre “Orson Welles

  • el 2 noviembre, 2012 a las 14:13
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    Claro, claro, es muy fácil cargarse a un director si se menciona solo su peor película. ¿Qué hay de las sutilezas y de la modestia formal de El Cuarto Mandamiento? ¿Algo que decir en contra de la invención del mockumentary verdadero con Fraude? ¿Y de obras maestras como The Fountain of Youth o Vienna? Conociéndole como le conozco, Amante de la Cafeína, tampoco creo que tenga nada malo que decir de Sed de Mal… Si en el fondo, es ud. un polemista.

  • el 2 noviembre, 2012 a las 16:43
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    Yo, como casi siempre, estoy de acuerdo con el caballero Roberto Bartual. La sutileza de Vienna o la elegancia de Sed de Mal están fuera de toda duda. Jamás tendrá el tal amante sitio en “Lágrimas en la lluvia”. Qué insolencia, qué atropello.

  • el 2 noviembre, 2012 a las 16:46
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    ¡Voto a bríos! Meterse con “Ciudadano Kane”… Esto de internet posibilita que cualquier indocumentado pueda escribir lo que se le pase por la cabeza.

    ¡Ah, España, España!

    Mordiendo el polvo de Flandes os querría ver yo a todos.

  • el 2 noviembre, 2012 a las 16:48
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    Pues qué quieres que te diga, Arturo, a mí el amante este cada vez me cae mejor… Me voy al Círculo a dar otra rueda de prensa.

  • el 2 noviembre, 2012 a las 16:53
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    Me sorprende e inquieta que el mundo intelectual no se haya movilizado en contra de esta sección. Es un completo disparate, algo insólito.
    Me voy a preparar un artículo sobre Tomas Tranströmer, que ya he perdido bastante el tiempo con esta revistucha (aprovecho la ocasión para recomendar a los improbables lectores y lectoras de esta publicación mi ineludible próximo artículo sobre Inger Elisabeth Hansen).

Comentarios cerrados.