Notas rápidas sobre cine actual

por Tabaret

Recuerdo siempre con cariño y admiración los tiempos en los que leía a Carlos Boyero. Hablo en pasado porque, como usted sabe, ahora Boyero ya no escribe. Yo, por lo menos, no lo leo, así que, para mí, es lo mismo. Ahora Boyero se dedica sobre todo a hacer vídeos y a chatear con lectores de El País, que le preguntan mucho sobre fútbol y sobre otras cosas sobre las que es evidente que Boyero posee una verdad superior, porque de todas esas cosas se queja un montón. Boyero es un poco como el reverso de ese chiste de Woody Allen. La respuesta es NO. pero ¿cuál es la pregunta?

Me acuerdo ahora de un vídeo de Carlos Boyero en el que hablaba de las películas que se iban a estrenar ese fin de semana. Esto lo sigue haciendo hoy, pero yo me he acordado de éste. En el fondo da igual, porque todos son muy parecidos. Boyero da cuatro o cinco pinceladas rápidas y cuenta qué películas le gustan y qué películas no le gustan. Normalmente, Boyero acaba pronto la faena. Gustar, lo que se dice gustar, le gustan pocas, y las que no son santo de su devoción las aniquila con la velocidad y la precisión de un ninja. Las películas que a Boyero no le gustan mueren cinco veces antes de tocar el suelo.

Como ataca con tanta celeridad, al sr. Boyero le sobra tiempo. Esto está bien, es normal y deseable porque, qué cojones, él es Carlos Boyero, y eso de hablar de estrenos es para becarios y publicistas y becarias —imagen escalofriante del día: Carlos Boyero pronunciando la palabra «becarias». Carlos Boyero dejándola escapar de esos labios suyos que parecen hechos sólo para beber whisky irlandés y decir verdades como puños—. En el vídeo que yo recuerdo ahora, a Boyero lo que le molaba de verdad era Valor de ley, que se había estrenado semanas atrás, pero ya saben ustedes lo que opina Boyero de los estrenos.

Lo que sigue es una serie de notas en la que se dan una serie de nombres y se explican una serie de hechos que tienen su importancia en el mundo del cine. Así usted podrá estar un poco mejor situado a la hora de entender quién es quién en el cine contemporáneo.

Ahí queda:

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  • Valor de ley 

Película. Filiacion política: Western. Valor de ley es un western de ésos que se llaman crepusculares, que es algo que queda muy bonito de decir. Lo de decir que los westerns son crespusculares, aparte de bonito es muy socorrido, porque la verdad es que ahora todos los westerns son crepusculares y esto te da la ocasión de meter una palabreja larga sin temor a equivocarte.

Valor de ley le gusta mucho a Carlos Boyero. Es normal, porque es un western en el que sale Matt Damon y es bien sabido que los westerns y Matt Damon son las dos cosas que más le gustan a Carlos Boyero en este mundo. Además, la peli está dirigida por los Coen, con lo que terminamos de rizar el rizo porque los western, Matt Damon y los Coen son las tres cosas que más le gustan a Carlos Boyero en este mundo.

Sobre Valor de ley

Valor de ley mola bastante, aunque sufre un poco de lo que yo llamo «Síndrome de Wynton Marsalis», que es un señor que toca la trompeta tan rematadamente bien que aburre a las ovejas. Otro nombre aceptable sería «Síndrome del Barça de Guardiola», aunque es un nombre que estoy dejando de utilizar porque queda un poco nostálgico. Diría incluso que crepuscular.

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  • Carlos Boyero

Señor. Crítico de cine. Boyero es, además, crítico de cine en todos los sentidos de la palabra, incluidos dos que se ha inventado él. Escribe mucho en El País, donde le consienten de buena gana su terribilitá y hasta le dan de vez en cuando un espacio virtual para que los lectores charlen con Boyero. Eso de charlar con Boyero es como escribir en el foro de Marca, pero revestido de una pátina progre que no se la salta un gitano.

La gran preocupación de Carlos Boyero es que alguien se dé cuenta de que tiene apellido de lesbiano. Por eso tiene mucho cuidado de criticar todas las películas que sean susceptibles de ser calificadas como «mariconada», no sea que la gente se vaya a pensar lo que no es. Por las mismas razones, evita como la peste el cine filipino.

Por motivos que desconozco, Carlos Boyero siempre me ha recordado a Félix de Azúa. Mejor dicho, por motivos que desconozco, Carlos Boyero siempre me ha parecido una especie de copia sin terminar —o demasiado terminada— de Félix de Azúa. Es como en la peli aquella de DeVito y Schwarzenegger en la que los dos son gemelos, pero uno es genéticamente perfecto y el otro es Danny DeVito.

Sobre Carlos Boyero:

Le gustan: Matt Damon, los Coen, las películas del Oeste, El partamento de Billy Wilder y los descapotables.

No le gustan: Las películas orientales, los organizadores de festivales de cine, la letra ye (ye).

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  • Los Coen

Señores (dos). Hermanos. Directores de cine. Los Coen pertenecen a esa curiosa especie que son los hermanos directores. Parejas de hermanos a los que de pequeños alguien les compró una cámara de Super8 y que desde entonces se dedican a grabar todo lo que encuentran. La diferencia más notable entre los Coen y el resto de hermanos directores es la falta de diferencias de los Coen entre sí. Son absolutamente intercambiables, en el sentido de que no hay forma humana de saber quién es Ethan y quién es Joel. Yo conozco a gente muy cinéfila que no es capaz de distinguirlos y de hecho creo que nadie, salvo su mamá, su papá y, con suerte, sus señoras son capaces de distinguirlos.

Sobre los Coen

Contra todo pronóstico los Coen no son gemelos. Este hecho ha sido aducido por numerosos ateos como prueba para la demostración de que Dios no existe y, si existe, es un gilipuertas que lo hace todo mal.

Los Coen, además de intercambiables, tienen una cara muy difícil de recordar. Tienen la cara más imposible de recordar de la historia del cine. Haga usted la prueba. Intente ahora cerrar los ojos y pensar en la cara de uno de los Coen —cualquiera, insisto en que son altamente intercambiables— y comprobará que sólo es capaz de recrear la imagen de una mancha borrosa levantando un Oscar o dos.

Todas sus películas —menos una— molan cantidubidubidubi. También las malas —dos— lo que aún es más meritorio.

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  • Matt Damon

Señor (uno). Matt Damon es un señor bastante curioso. Diría que incluso raro. Matt Damon es un tipo que es una cosa al principio y luego va siendo otra cosa distinta. Cuando Matt Damon empieza a hacer cualquier cosa parece que va a cagarla a lo grande, pero luego le va quedando todo bastante bien y bastante apañado. Esta máxima no se aplica a una parte de la vida o la carrera de Matt Damon, sino a Matt Damon en su conjunto, como entidad.

Es lo que pasa, por ejemplo, con su cara. Si uno mira la cara de Matt Damon durante dos segundos o más, lo que tiene es una fachada hollywodiense como Dios manda. Un tipo guapo y bien plantado. Sin embargo, si se le mira durante menos de dos segundos, si se le mira rápido o de refilón, parece que tenga la cara marcada por rasgos de imbecilidad, igual que otros la tienen marcada por la viruela. Si se le mira muy deprisa tiene un arranque así un poco tontuno, en general, y para decir las cosas claras, parece que está terriblemente cerca de tener cara de gilipollas, pero luego resulta que no, que el hombre tiene bastantes luces, además de ser un tipo guapo, bien plantado y etc., etc., etc.

Lo mismo pasa, por ejemplo, con su carrera. Si uno la mira en conjunto, resulta que el tipo ha hecho películas bastante aceptables y hasta alguna que otra cojonuda. Resulta que el tipo se ha arrimado a Clint y a de Niro y que ha hecho las pelis esas de Bourne, que están muy bien. Sin embargo, al principio, con lo que salió fue la peli esa de El indomable no sé qué, que es de largo la película más coñazo de Gus van Sant. Estamos hablando de un tipo que tiene una película sobre dos señores que se pasan tres horas en el desierto sin hacer nada —bueno, hay un momento en el que uno da un salto—. Así que la carrera de Matt Damon es como su cara. Si uno se toma su tiempo para apreciarla, está bien, pero en una primera impresión parecía que opositaba a idiotez supina.

Hala, ya puede usted ir por ahí a opinar de cine. En realidad todo este artículo sólo servía para darme la oportunidad de escribir eso de que Carlos Boyero tiene nombre de lesbiano, que me parece una cosa de mucha risa.

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2 comentarios sobre “Notas rápidas sobre cine actual

  • el 26 octubre, 2012 a las 9:53
    Permalink

    El chat de los lectores con Boyero sólo es divertido si más de uno se propone el reto de obligarlo a hablar del tamaño de su prepucio (cosa que yo creo que es la cuarta cosa que le mola más en el mundo).
    Estoy tentada a recomendarle la lectura de este Malas Pulgas el próximo jueves, pero supongo que eso también provocaría que hablara de su cuarto tema preferido y sugerencias sobre lo que puedo hacer con él, así que esa responsabilidad mejor se la dejo a Tabaret.

  • el 26 octubre, 2012 a las 10:16
    Permalink

    En la redacción sospechamos que Tabaret y Boyero son en realidad la misma persona. Nunca le hemos visto la cara. Se pasea por la oficina vestido con traje -de raya diplomática- y con una careta de Nixon. Es posible que esta entrada forme parte de alguna estrategia de diversión, pero nadie se ha atrevido a discutirlo con él.

    Nos da un poco de miedo, la verdad.

Comentarios cerrados.