Literatura: Arte Marchito

por El Amante de la Cafeína

Iba a comenzar declarando que la literatura es cosa de pusilánimes. Si estuviésemos en un melodrama o en una comedia de situación americana —o fuésemos producto de la ESO, que viene a ser lo mismo—, necesariamente habría que simplificar y decir que la literatura es cosa de perdedores. Pero no quiero que esto se nos vaya de las manos. Diré entonces que la literatura está sobrevalorada. Convendría que antes nos pusiésemos de acuerdo acerca de unos mínimos. Por «literatura» entiéndase «ficción en letra impresa», lo que en los últimos siglos ha venido a equivaler a la forma-novela.

Sobrevalorada, sí señor. Primero, no hay tantas novelas, no digo ya buenas o canónicas, sino simplemente interesantes. No más de diez (cada uno tendrá las suyas, claro; incluyendo a algún francés, que eso viste mucho). Yo a ratos me quedo sólo con tres (en efecto, lo han adivinado: ninguna es francesa). Y segundo, a la mayoría de novelas les sobra algo (normalmente mucho). Tienen relleno, tiempos muertos, páginas y páginas que el escritor/editor nos podía haber ahorrado. Y no es una cuestión económica, no. De hecho, yo pagaría muy  a gusto más dinero porque ciertos libros tuviesen menos páginas. Pero aquí, como en la vida, todo parece valorarse al peso.

—Javier Marías: Pues yo soy como el bic naranja, que cada vez escribo más fino.

—Arturo Pérez Reverte: Yo siempre preferí la reciedumbre a la hidalguía, así que, como el bic cristal, escribo normal.

—Carlos Boyero: De todos modos, yo creo que el fulano este se refiere a la cantidad, no a la calidad. A ver por dónde sigue.

A Crimen y castigo, por ejemplo, le sobra mucho, pero mucho. Contiene episodios de indudable interés (el plan y la ejecución del crimen, la(s) conversación(es)-confesión(es) con el policía, ese final redentor…), pero se podía haber hecho de una manera más ágil. En cualquier caso Crimen y castigo sí es una de ésas. La Ilíada —que sí, que ya sé que no es una novela, pero está en el centro del canon de la literatura, y eso, queridos amigos, es toda una provocación— es un coñazo. No sé si se puede decir esto, pero sí, la Ilíada es soberanamente aburrida. No tiene ritmo, la trama es mínima (y, a pesar de ello, deslavazada) y el tono ha envejecido muy mal. De esto último no tenía la culpa Homero —o quien fuese—, sino que era lo que pedía la época. Lo solemne es lo que tiene, que caduca pronto (los nuestros son, ay, tiempos irreverentes). La Odisea es mejor, lo cual no es difícil, pero también se va mucho por las ramas. ¿Y El Quijote?, ¿quién se ha leído El Quijote entero? Vale, salvo un par de chicas —las chicas leen más, y normalmente mejor, es cosa sabida— nadie. Al Quijote se le coge pronto el punto y, por tanto, la repetición constante, inclemente, de esa misma estructura acaba fatigando al (lector) más pintado. Total, que no hay quien se lo acabe. El Quijote hay que tenerlo en pdf para buscar la anécdota que a uno le interese y soltarla cuando convenga (el conocido episodio en el que aparece el vizcaíno viene bien para soliviantar a según qué audiencias). Podríamos seguir con más, de cualquier época y estatus. Siempre es lo mismo: o no son tan buenas o, caso de serlo, son excesivamente prolijas. No se crean que soy de ésos que sólo valora la acción y quiere fuegos artificiales en cada párrafo. No tiene nada que ver. El corazón de las tinieblas estaría entre mis tres y allí, la verdad, no pasa mucho. Pero, demonios, qué descripciones construía nuestro ucraniano favorito (lo acabo de comprobar donde se imaginan; confieso que siempre creí que Conrad era de origen polaco).

—Carlos Boyero: Creo que patinas, Dostoyevski es muy bueno. De hecho, yo cada vez que tengo que hablar de una teleserie americana la comparo con Dostoyevski.

—Javier Marías: Pues yo sólo leo a Homero y a Sterne. Pocas inteligencias ha habido en el mundo de las letras comparables a la de Tristram Shandy.

—Arturo Pérez Reverte: Eso es, los Sandys era lo que más echábamos de menos en Neretva. La pequeña ciudad bosnia se defendía como gato panzarriba frente a los bombardeos serbios y nosotros, con el barro hasta los dientes, no podíamos pensar en otra cosa que no fuese en esos dichosos helados.

Lo podemos decir así: lo que no puedas contar en cien —100— páginas, no lo cuentes. Básicamente porque será mentira. Nada da para más de cien páginas (bien pensado nada da para cien páginas, pero era una cifra redonda). Además de la longitud está el asunto de los títulos. Qué importante es un (buen) título. Y qué cara de idiota —y sentimiento de estafado— se te queda cuando descubres que tras un rótulo glorioso a veces no hay… nada. Ejemplo supremo: Viaje al fin de la noche. Menudo fiera Céline. No hemos de sorprendernos: Céline era feo y normalmente llevaba el pelo sucio. Eso, ya saben, le convierte a uno de manera automática en escritor. Porque, si la literatura está sobrevalorada, lo de los escritores ya es de traca. Pero acerca de este particular ya nos pronunciamos en su momento.

—Arturo Pérez Reverte: Javier, estoy confundido, este tío seguro que no sabe lo que significa «sotavento» pero me gusta su estilo.

—Javier Marías: Luego lo hablamos, que ando enredado con unas sinécdoques.

—Carlos Boyero: Qué pelmazos. Me bajo al bar, que tengo que escribir algo sobre Cannes.

Revista cultural Factor Crítico. Somos una revista dedicada a la crítica de cine, crítica literaria, crítica cultural, crítica de ensayo y crítica de cómic

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8 comentarios sobre “Literatura: Arte Marchito

  • el 15 junio, 2012 a las 16:21
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    Pues a mí “Viaje al fin de la noche” me parece lo más. Y también me gusta Ciorán, que conste.

  • el 15 junio, 2012 a las 16:24
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    En general estoy bastante de acuerdo (lo mejor: los diálogos entre Marías, Reverte y Boyero). Lo que no tengo claro es si “El Amante de la Cafeína” es un chico o una chica. Algunas cosas me despistan.

  • el 15 junio, 2012 a las 16:29
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    ¿No vais a hablar nunca de Murakami o qué?

  • el 15 junio, 2012 a las 16:31
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    Pues yo creo que la literatura murió con Leviathan de Auster. Yo descubrí que quería escribir con Rayuela, después Vila-Matas me enseñó un mundo nuevo. Ahora me voy a Barcelona a hacer un Máster. ¡Deseadme suerte!

  • el 15 junio, 2012 a las 16:33
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    Chavales, dejaos de historias. Aquí sólo hay un debate: ¿debe España empatar a 2 con Croacia para dejar fuera a Italia?

  • el 15 junio, 2012 a las 16:34
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    ¡Raúl selección!

  • el 15 junio, 2012 a las 16:35
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    Lo de Murakami será una broma, ¿no? ¿Sus libros no vienen por dentro en blanco para hacer dibus?

  • el 15 junio, 2012 a las 18:24
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    Yo, como editor independiente, certifico la sobrevaloración de la literatura.

    A mí ya sólo me importa la infografía, la maquetación y twittear mientras voy a la radio a hablar sobre algún libro a propósito de la última serie de moda.

    Enviado desde mi iPad

Comentarios cerrados.