El País no me deja ser de izquierdas

por Tabaret

Tengo un amigo que insiste en contarme —sin que yo se lo pida, por cierto— la anécdota de cómo una amiga suya le dijo una vez una frase que, en su opinión, resumía perfectamente sus opiniones políticas y el conjunto de su corpus ideológico en general. Bastante pobre, ya que sacamos el tema.

«Tú es que quieres ser de derechas, pero no sabes cómo».

Este amigo mío no es tan amigo, en realidad. Lo aguanto como puedo porque de vez en cuando se paga unas copas y  además le sangro cigarrillos a granel. Esta anécdota la cuenta tres veces al mes, y la verdad —dígame usted si miento— es que no tiene ni gracia ni interés. Sin embargo, hoy me he acordado de la frase y me va a dar pie para escribir una entrada. Es lo mejor que ese tipo ha hecho jamás por la literatura.

Vaya susto que he pasado. He empezado a escribir la entrada sin recordar el nombre de una persona sobre la que quería hablar —y no muy bien, lo ha adivinado—. Por suerte, hay un sistema sencillo para localizarla. Basta con escribir en Google las palabras «artículo El País cálculo erróneo» y ahí está ella como primer resultado. Buenos días, Almudena Grandes.

Este excelente posicionamiento en los buscadores, que muchas empresas pagarían por conseguir, lo obtuvo la señora Grandes gracias a cierta revelación que tuvo allá por el año 2009, cuando la crisis todavía parecía que estaba empezando y, al mismo tiempo, todavía parecía que estaba terminando, porque por entonces se pensaba que aquello no podía durar mucho más. Todos nos equivocamos en ese momento, unos más que otros, como siempre, y cada uno a su manera, pero pocos la pifiaron a la altura de Almu, que dedicó un artículo a demostrar que los 775.000 millones de dólares del plan de reactivación económica norteamericano, repartidos entre los 6700 millones de habitantes de la tierra arrojaban un cociente de 115 millones de dólares por cabeza. ¡Toma castaña!

Y nosotros trabajando como idiotas, y los chinos currando como chinos, y todos en general haciendo el primo, cuando hay pasta en el mundo como para convertirnos a todos en multimillonarios. Podríamos jugar a tirarnos fajos de billetes en la cabeza como si fuesen bolas de nieve, podríamos construir fuertes con títulos de bolsa o nadar en piscinas de monedas de euro, como el tío Gilito, si sólo nos hubiésemos puesto a calcular alguna de las gigantescas cifras que salen cada día por docenas en los periódicos. El único problema es que a nadie se le había ocurrido. A nadie menos a ella, claro. Muy bien hecho, Almudena Grandes.

Todos nos podemos equivocar, por supuesto, pero hay tres cosas que me resultan llamativas.

La primera es el hecho de que Almudena dedique casi todo su artículo a repasar con nosotros, sorprendidos lectores, los guarismos de su revelación. Lo hace además en un tono condescendiente, como quien enseña a contar manzanas a su sobrino tonto. Almu nos invita a hacer la cuenta y revisar el cálculo a mano y a máquina. Nos anima a repetir la operación varias veces. Nos sugiere, incluso, despreciar datos insignificantes, como los «decimales» o los niños nacidos en el mundo desde que uno empieza la lectura de su artículo hasta que deja de ser presa del estupor y la indignación —lógicas e inevitables, cuando es consciente por primera vez de las brutales remesas de dinero que se mueven a sus espaldas— y es capaz de hacer la operación que ella propone. «Ignore esos números», nos dice, y nos recuerda de paso la cantidad de factores que ella sí ha tenido en consideración.

Lo segunda cosa llamativa es la capacidad de autocrítica que le podemos suponer en adelante a alguien que es capaz de publicar en un periódico de tirada nacional un artículo en el que sugiere que la tierra está poblada de 6.700 millones de tarugos y una única persona capaz de darse cuenta de ello, que por supuesto es ella misma.

Y la tercera cosa llamativa, al fin, es el hecho de que ese mismo periódico de tirada nacional no tenga establecido un mínimo control que inspeccione resbalones de bulto como este, lo que nos obliga a plantearnos qué tipo de filtro se establece en los artículos que allí se publican. ¿Se revisan las faltas y las erratas? ¿Y si a Almu se le hubiesen cruzado los cables y hubiese empezado a, qué sé yo, hacer una apología encendida del nacionalsocialismo?

Yo, un poco como mi amigo, siempre he querido ser de derechas, pero nunca he sabido muy bien cómo se hace eso. Las lecciones básicas son sencillas y molan. Uno viste como un señor y pide las copas pegando con la palma de la mano en la barra del bar. Fácil. Lo malo viene después, al profundizar. Eso del liberalismo, por ejemplo, no lo acabo de pillar —nunca he sabido si lo que defienden lo defienden en serio, sospecho que se ríen por lo bajinis al terminar— y es una pena, porque me permitiría llevar sombrero de ala o hasta un parche, como ese señor en el que está pensando usted ahora. El problema es que tampoco sé muy bien cómo se va al otro lado. Ya ven ustedes que lo he intentado. Me he leído El País que es algo así como el manual de instrucciones, o el mapa de ruta hacia el fantástico mundo de la izquierda. Pero estos señores lo ponen muy difícil, cada vez más. No sé yo si llegaremos a nuestro destino.

Revista cultural Factor Crítico. Somos una revista dedicada a la crítica de cine, crítica literaria, crítica cultural, crítica de ensayo y crítica de cómic

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