Los huerfanitos, de Santiago Lorenzo

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por Rosalía Mera

No sé si hay mayor placer que, en un momento dado, puntual, dar rienda suelta a ese lado cabrón que todos tenemos dentro y solazarse con las desgracias ajenas. Las desgracias de alguien que no nos va ni nos viene, que conocemos de pasada, que nos parece un patán idiota y que cuanto más canutas le vengan más gracia nos va a hacer.

Quizá sí que lo haya: que lo cuenten bien. Que lo cuenten como lo cuenta Santiago Lorenzo.

Los huerfanitos (Blackie Books, 2012), su última novela, es una descacharrante e hiperbolizada serie de desdichas narradas con mucho humor y grandes dosis de veneno y mala leche como las que ya aparecían en Los millones (2010), su obra anterior, que ya apuntaba maneras aunque de forma ciertamente irregular. En Los huerfanitos, sin embargo, Lorenzo, no hace concesiones ni admite medias tintas.

La papeleta que les cae a los tres hijos de un empresario teatral, que ha encontrado el mismo placer en joderles la infancia que en el faranduleo, es de órdago: porque cuando el padre, un vivalavirgen de mucho cuidado, decide palmarla, no les deja otra opción para salvar su economía y su dignidad que la de reflotar el teatro que ha sido la fuente de sus pesadillas y traumas más ocultos. Esos traumas en los que, canción italiana mediante, cada uno de los hermanos se revuelca en cuanto le dejan solo.

Y con esta excusa, la voz narradora que elige Santiago Lorenzo va enredando a los personajes en una red de putadas que se van hilando muy fino para hacerles tropezar a cada paso que se atreven a dar entre el polvo y las bambalinas. Sin ningún tipo de compasión. Porque ninguno la merece. Ni la boba de la cuñada, con su voluntad y afición al mundo del espectáculo, ni el director en horas bajas, ni la caterva de vetustos por no decir antediluvianos tramoyistas. Ni, por supuesto merece compasión, perdón o siquiera pena ninguno de los hermanos, que van pasando según avanza la trama de los codazos a las zancadillas aunque eso no haga más que perjudicarles a ellos mismos en su desesperada lucha por tapar ese agujero heredado de varios cientos de miles de euros que les amenaza no precisamente desde un más allá sino desde un doloroso y acuciante aquí y ahora.

A lo largo de la trama, asistimos a los denodados y absurdos intentos de unos hermanos que han jurado no tener nada que ver con el mundo teatral por montar un espectáculo que funcione en un tiempo récord, enfrentándose así, desde su ignorancia, su prosaísmo y su estupidez, a empresarios con más dinero y con más éxito, antiguos empleados o, sencillamente, a ellos mismos.

Tampoco es un argumento nuevo. No es algo que no hayamos visto en cine o no hayamos leído ya, contado con mayor o menor pericia. Pero es precisamente eso, el «mira que te cuento lo que les pasó a estos desgraciados» lo que más atrapa una vez se abre la novela. Y entonces quieres saber más. Quieres saber cuál es la nueva chincheta que les han puesto en medio del pasillo y lo que les pasa es que les cae un cubo de pintura.

En un manejo perfecto de los hilos de la narración, Santiago Lorenzo consigue que, en el afán por seguir la progresión de lo que puede resultar redentorio pero que siempre apunta a irremisible caída, de pronto salte un resorte o una chispa que al estallarte entre las manos te deje con más cara de bobalicón que sus protagonistas.

Porque es un estilo, el de Santiago Lorenzo, que te alude directamente. Es cercano, es fresco, es cáustico. Es una maravillosa invitación al humor más gamberro. Y claro, después de reírte de esos Susmozas durante más de trescientas páginas, entre lágrimas de pitorreo y carcajadas de mala baba, hasta les terminas cogiendo un poquito de cariño.


Factor-Crítico-Los-huerfanitos-fondoLos huerfanitos
Santiago Lorenzo
Blackie Books
ISBN: 9788494001918
Barcelona, 2012
324 pgs

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