Joyas desconocidas: Vida de perros (1950), de Mario Monicelli y Steno | Factor Crítico

vita_da_cani-232995519-large

Como una vida de perros define su trasegada dedicación el director de la ambulante compañía de variedades, Martoni (Fabuloso Aldo Fabrizi), mientras viajan como mercancías en un camión, tras que hayan sufrido otro de sus episodios de lid con la precariedad. Parece que siempre les falta el dinero, o si algo tienen enseguida lo pierden (como en este caso en una partida de cartas con unos lugareños a los que pensaban que podían desplumar; la expresión de Martoni es todo un poema cuando observa las habilidades del campesino barajando y ya comprende que les va a salir el tiro por la culata). Pero Vida de perros (Vita da cani, 1950), de Mario Monicelli y Steno (Stefano Vanzina), pese a esa afirmación, y a que su trayecto concluya tanto con un sacrificio amoroso, parecido al de Norman Maine en Ha nacido una estrella, para que la mujer amada triunfe cuando él se ha convertido en un lastre (ocultando incluso lo que siente por ella), como con un suicidio, el de una de las chicas aspirantes a convertirse en vedette de revistas, es una vivaz comedia, o se puede decir, la emanación del talante vital de Martoni, incombustible, capaz de enfrentarse a cualquier situación adversa. Véase la extraordinaria secuencia en la que forcejea dialécticamente (en un diálogo que parece duelo de sables) con el dueño del hotel en el que han recalado, para evitar pagar, y las sucesivas escenificaciones que se monta hasta lograr salir victorioso, incluida fuga en el último segundo en tren dando él mismo la salida del tren con la gorra y la banderola del encargado de estación.

Comediantes_VitaCani_opt_zpsf9a15beb

VitadaCani_1

vlcsnap-2010-09-11-11h30m09s77

Martoni, en cuyas experiencias Fabrizi refleja las propias (participa en el guión), es el aliento y la energía que vertebra esta espléndida película, admirable ejemplo de funambulista dominio de la mixtura de registros, que transpira vitalismo por los cuatro costados. Es el que anima y logra mantener el rumbo en una singladura que sufre los bamboleos del azar. Bien reflejado en los trayectos de las tres aspirantes a vedettes, como contrapunto en la narración. Franca (Tamara Lees) está cansada de su vida de penurias y privaciones, y aunque ame a Carlo (Marcello Mastroiani), prefiere sacrificar su amor para lograr esa vida de bienestar material e incluso de lujos (lo que da pie a una espléndida, y sombría, secuencia, en la que ella se entrega a Carlo por primera vez, para su sorpresa, porque quería que él fuera el primero; es su forma de despedirse); hay un cierto momento, cuando un millonario le propone matrimonio en que ella duda, y retorna, pero la visión de aquella suciedad, de aquellas cucarachas, la determina a aceptar. Claro que no podrá soportar la visión de un reencuentro azaroso con Carlo, ahora bien establecido, en una fiesta que organiza su ya esposo (un cruce de mirada basta para precipitarla en el abismo del remordimiento, en el que se ve a sí misma en el pasado, en lo que no supo ser por no saber ser perseverante ni paciente).

vlcsnap-2010-09-11-10h57m18s79

tumblr_m0rc63pLQj1qh0yodo1_500

vlcsnap-2010-09-11-10h52m57s31

En cambio, quien no transige (a las atenciones avasalladoras o tentadoras propuestas de vida de lujo), como Vera (Delia Scala), se verá recompensada, cuando su amor se enfrente al yugo de su padre, y escape para unirse a ella (ironías: el padre era uno de los hombres que intentó sobrepasarse con Vera, lo que le eliminará cualquier duda que tuviera con respecto a que su hijo se casaba con alguien de baja estofa, como califica, como buen hipócrita, a las mujeres de ese mundillo, de las que, pese a todo, no dejaba de aprovecharse cuando le convenía; como divertimento, sí, como posible esposa, no). Por último, está la representación del azar quintaesenciado, Margherita (Gina Lollobrigida), quien es acogida por Martoni cuando huye de la policía, y acaba convirtiéndose en una estrella. Algunos de los pasajes más sobresalientes de la película son los que relatan el proceso de aprendizaje al que somete Martoni a Margherita, en los que va modelándola como buen instructor (incluida hilarante muestra de cómo pasear en una pasarela). Claro que el paternal Martoni también se enamora, pero su capacidad de entrega es tal que sabe sacrificarse para que su amada triunfe, en una conclusión no carente de melancolía (como la áspera y sombría iluminación de la fotografía de Mario Bava), aunque sin perder la sonrisa firme de quien sigue su trayecto incombustible dispuesto a surcar nuevos horizontes, con espíritu solidario y generoso, porque como él siempre apostilla, todos somos italianos.

por Alexander Zárate

Vida de perros (Vita da cani)
Mario Monicelli y Steno
Int: Aldo Fabrizi, Gina Lollobrigida, Delia Scala, Tamara Lees, Marcello Mastroiani
Italia, 1950
108  min.

Summary
Review Date
Reviewed Item
Vidas de perros (1950), de Mario Monicelli y Steno
Author Rating
4

Be the first to comment on "Joyas desconocidas: Vida de perros (1950), de Mario Monicelli y Steno | Factor Crítico"

Deja un comentario.

Tu dirección de correo no será publicada.

*