Patti Smith, sala La Riviera

Por David Sánchez Usanos

Patti Smith salió a escena y, desde el primer momento, allí se tuvo la sensación de estar ante algo especial. Esta cantante de aspecto enjuto aúna dos características decisivas: talento y simpatía. Si fuésemos renacentistas tendríamos que decir que Patti Smith tiene «grazia», si fuésemos benjaminianos deberíamos afirmar que, a pesar de la época en la que vivimos, Patti Smith tiene «aura». De lo que no hay duda es de que ha nacido para cantar.

La Riviera no estaba llena —quizá fruto de la situación económica y del penúltimo golpe a la industria cultural de este país con la reciente subida impositiva— pero con las primeras notas de «April Fool» se intuía que pronto habría un clima de lo más propicio. De todos modos, he de decir que, por alguna razón que se me escapa, el público no recibió con el calor que se merecían los temas de su último disco (salvo al que le da título, «Banga»). Lo menciono porque con la tercera canción de la noche, la magnífica «Fuji-san», la sala debería haberse venido abajo y no fue así.

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Patti Smith ha optado en esta gira por un formato acústico, lo cual contribuye a resaltar aún más el tremendo poder de su voz. Los músicos que la secundan cumplen su papel a la perfección, allí no sobra ni una nota: guitarra, bajo, batería y piano (según los temas, se intercambian los instrumentos) y, en un par de canciones, unos atinadísimos coros. Personalmente considero un acierto lo austero de la propuesta, pues esta mujer no necesita esconderse detrás de ninguna muralla de arreglos ni electricidad. Quizá hubiese alguien que esperaba a una Patti Smith furibunda y punk; bueno, pues, en lugar de eso, nos encontramos con una artista que se halla comodísima encima del escenario, que se mueve y canta con soltura y fluidez. Patti Smith se siente a gusto, está en paz consigo misma, con lo que hace y donde lo hace y, en consecuencia, convirtió La Riviera en el salón de su casa.

En tiempos como éstos se agradece el compromiso honesto y franco, y Patti Smith lo tiene (o al menos lo transmite). Sigue estando preocupada por el mundo en el que vive, por lo artístico (hubo emotivas dedicatorias a Amy Winehouse y a Roberto Bolaño) y por lo político. Habló de Oriente Medio, de Madrid, de España y de su crisis, de la gente y de su poder. E, insisto, no sonó a cliché, sino a emoción sincera. Cerró su concierto con la excelente «People Have the Power» y nos dejó a todos con ganas de más.

Pero antes de eso ya se había hecho con los mandos: «Because the Night» es un tema irresistible y desde luego el público madrileño cayó rendido, como también lo hizo a los relámpagos de su versión de «Gloria» con la que se retiró antes de los bis. Volvió, mostró su lado más tierno con «It’s a Dream» de Neil Young y, como decíamos, se marchó como la emperatriz que es con «People Have the Power».

El concierto duró poco más de hora y media, pero creo que no puede haber queja alguna: más allá de su sensibilidad, de su militancia y de su simpatía, Patti Smith tiene una voz increíble y canciones donde lucirla; cuenta, además, con una banda de lo más competente. Patti Smith lo tiene todo, y está bien que así sea.

Patti Smith & her band
Fecha: 15 de noviembre de 2012
Sala: La Riviera (Madrid)
Promotora: Stage Planet

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