La pechuga de la sardina

No. La vida no puede caminar llevando en los tobillos unos prejuicios, unos pequeños seudodogmas que, como grilletes, le dificultan el devenir

Sorprende, aunque parezca imposible, la inusitada actualidad de un texto escrito por y para nuestra postguerra. El tufillo asfixiante de la atmósfera que rodea a las protagonistas casi ha desaparecido. Las mujeres tienen, en apariencia, igualdad de oportunidades con los hombres, y éstos no se comportan, en su gran mayoría, como lobos hambrientos acechando un aprisco de cabras. Sin embargo, uno tiene la sensación –bastante desagradable- de que aquellos tiempos no quedan tan lejanos. Uno se sumerge en el texto y no lo nota en absoluto ajeno a la vida actual de la sociedad española. Y creo que es porque, por debajo del progreso, de los avances científicos, de la educación y de las telecomunicaciones, algo del viejo estado franquista pervive en nuestro país. Quizá mucho más de lo que estaríamos dispuestos a admitir, porque cuarenta años de dictadura no se pueden borrar de un plumazo.

La acción se sitúa en un piso de alquiler donde conviven seis mujeres que, por una u otra razón, han de vivir solas. A lo largo de la obra, vemos cómo sus trayectorias vitales chocan y se entrelazan en distintas redes de oposiciones y alianzas, todas ellas destinadas, no obstante, a defenderse del exterior. Ésta es, en mi opinión, la característica dramática más acusada del texto: la acción es una excusa, porque en realidad no se produce ningún avance. Se trata de una suerte de movimiento cíclico que nos conduce inexorablemente al inicio.

Tal y como señala Manuel Canseco en el programa de la obra, las protagonistas están cercadas por el ambiente. En este sentido, los personajes masculinos sirven al propósito de marcar los límites de la cárcel en la que viven estas seis mujeres. Todas ellas están buscando una forma de sobrevivir a ese clima enrarecido y hostil. Unas se atrincheran en vidas cerradas, como Doña Elena o Juana, otras –las más jóvenes- buscan una salida en el amor, en el matrimonio o en la educación, para escapar a esa jaula, esa olla a presión donde se cuecen a fuego lento. Claro que a veces, como en el caso de Soledad o de concha, el camino es en realidad una vuelta atrás catastrófica, una tragedia debida a la incomprensión y a la barbarie.

Cabe destacar la magnífica interpretación de las actrices protagonistas, en especial María Garralón, Nuria Herrero y Natalia Sánchez, cuyos papeles, tal y como señala Canseco, quedan bastante por debajo de su capacidad artística. Al ser una obra coral de corta duración, apenas si queda espacio para desarrollar a unos personajes que Lauro Olmo se contenta con esbozar. En este sentido, creo que la descripción costumbrista, centrada en los personajes de la noche –borrachos y prostitutas-, resulta excesiva y fagocita la evolución de las seis protagonistas. Entiendo que el propósito del dramaturgo era hacer sentir la mordaza de una sociedad acartonada, pero falta cierta introspección que otras obras con propósitos similares –La casa de Bernarda Alba, sin ir más lejos-, consiguen sin necesidad de caer en un realismo chusco cercano al entremés o al esperpento, porque no me parece que sea ésa su intención última.

Desde el punto de vista de la dirección, la puesta en escena equilibra con delicadeza las distintas partes del texto, que son muy diferentes en registro y tono.  Los retratos de las protagonistas se entrecruzan con las apariciones del exterior, mucho más castizas, en un tempo armónico. Esto, en apariencia muy sencillo cuando se observa el resultado, me parece de gran dificultad, pues aúna dos formas de hacer teatro nada similares. Conseguir esto sin que rechine en ningún momento, manteniendo la capacidad de entretener y de impactar al espectador, es un mérito que corresponde a Manuel Canseco y sus ayudantes de dirección.

La escenografía ha sido concebida en forma de cuadrilátero, rodeado por los graderíos. Desde allí, el espectador contempla lo que sucede a pie de calle y a través de los muros invisibles de la casa de alquiler. Esta proyección representa con exactitud la propuesta dramática de Olmo, pues se trata de una casa rodeada por el exterior, incluyendo en este exterior a los expectadores, que pasan a ser parte de ese “entorno hostil” que acecha a las mujeres protagonistas.

Citando las tres aproximaciones dramáticas señaladas por Valle-Inclán –de rodillas, en pie y en el aire-, la estructura de las gradas nos induce a verlos desde arriba, acentuando quizás su posición vulnerable, en manos de un destino y en una época que no les es dado controlar. En este sentido, quizás haya en el texto un cierto punto de esperpento, pues parece que la podredumbre del exterior va calando hacia dentro en las mujeres, que ven cómo van siendo víctimas de los hombres y cómo pocas escapan a las garras del ambiente pantanoso en que se mueven.

Al formar parte de ese exterior amenazante, cada expectador ve los hechos con una distancia que acentúan las intervenciones de borrachos y prostitutas, cuya audacia es infinitamente más espontánea que los diálogos encorsetados de las mujeres en asedio. Esto produjo en mí la paradójica sensación de distanciamiento brechtiano. Puede que sólo ese recurso pueda permitir acercarse a una realidad tan dura sin sentirse herido por las devastadoras conclusiones finales, pues a fin de cuentas nos hace conscientes de que esas tragedias fueron y son cotidianas para muchas mujeres del mundo.

por Miguel Ángel Mala


la-pechuga-de-la-sardina-revista-cultural-fc-finalLa pechuga de la sardina
Lauro Olmo
Dirección: Manuel Canseco
Reparto: (por orden alfabético) Manuel Brun, Marta Calvó, Jesús Cisneros, Víctor Elías, María Garralón, Nuria Herrero, Marisol Membrillo, Cristina Palomo, Amparo Pamplona, Natalia Sánchez, Juan Carlos Talavera, Alejandra Torray
Centro Dramático Nacional
Teatro Valle-Inclán, sala Francisco Nieva
Del 25 de febrero al 29 de marzo de 2015

Revista cultural Factor Crítico. Somos una revista dedicada a la crítica de cine, crítica literaria, crítica cultural, crítica de ensayo y crítica de cómic

Please follow and like us:

Quizás también te interese

Revista Factor Crítico

Revista cultural Factor Crítico. Somos una revista dedicada a la crítica de cine, crítica literaria, crítica cultural, crítica de ensayo y crítica de cómic