Imelda May

La excusa que nos hemos buscado para traer a esta página digital a Imelda May es su inminente visita a España. Serán dos conciertos en Madrid los próximos 30 de octubre y 1 de noviembre (se añadió la segunda fecha tras agotar entradas para la primera con meses de antelación), y otro más en el marco del festival BIME Live de Bilbao el 31 de octubre. Convendrán ustedes en que resulta éste un buen motivo para la reseña, pero es también completamente innecesario: una mujer con el talento, estilo y presencia de Imelda May merece ocupar nuestro espacio (y todo aquel con aspiraciones de buen criterio musical y estético) ahora y en cualquier momento.

Imelda May

Rockabilly ‘Tribal’ en España

Otra buena razón para hablar de ella sería hacer alusión a su último trabajo, Tribal, publicado en abril, y que habrá de ocupar un lugar privilegiado entre los mejores discos de este año 2014 en alguna de esas listas que en unos meses inundarán los medios especializados, webs y blogs de todo pelaje. O así lo espero, porque con su cuarto trabajo, y tras varios años de ausencia (no publicaba un disco desde 2010, pero también hay que tener en cuenta que en 2012 estrenó maternidad), Imelda ha vuelto a lo grande y más inspirada que nunca.

Imelda May nació en Irlanda, tierra de conocida tradición musical, pero su atención, desde que a principios de este siglo comenzó su carrera, se fijó sobre el rock and roll americano primigenio, esa vertiente rockabilly de los años cincuenta que tenía en Buddy Holly o Eddie Cohran a sus padrinos, héroes y mártires. Evidentemente, una chica como Imelda, lista y cultivada, con la música en los genes, nos demuestra unas inquietudes mucho más amplias, que incluye el folk tan arraigado en su patria así como el blues, el soul o el jazz vocal. La sensibilidad pop, de la que al fin y al cabo el propio Buddy Holly es también un referente mayor, se detecta también admirable y elegantemente en su música.

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De modo que con esos aires retro, trasladados a su propia imagen deudora también de los años cincuenta, publicó en 2003 No Turning Back, un disco con el que demostraba a golpe de excelentes composiciones y una voz preciosa, así como muchísimo carisma escénico, su capacidad para superar la posible limitación que ofrece un estilo de pautas tan definidas y simples del viejo rockabilly. Canciones como «Dealin’ With The Devil», «No Turning Back» o «Wild About My Lovin» definían la pauta rítmica sobre la que construir una prometedora carrera.

Su éxito comercial se consolidaría en 2008 con su segundo trabajo, «Love Tattoo», que demostraba su enorme talento mejorando lo apuntado en su debut. El tema «Johnny Got A Boom Boom» se convirtió en su primer gran clásico, e Imelda fue acogida de manera entusiasta por un público que la llevó a lo alto de las listas de éxitos (principalmente en su país natal), y una crítica que ya detectó en ella mucho más que la flor de un día.

Seguramente, la tendencia al revival de estilos a lo vieja escuela que se ha producido en los últimos años puede haberle beneficiado, pero a diferencia de gente como  Kitty, Daisy and Lewis, Eli Paperboy Reed y unos cuantos más, en Imelda no hay trazas de producto prefabricado o de desorientación artística una vez dado el pelotazo inicial. Mayhem en 2010 fue un nuevo paso adelante con el que se mantenía firme en sus principios básicos con temas como «Pulling the Rug», «Psycho» o «Inside Out». No obstante, quizás ha necesitado un pequeño parón y un nuevo revulsivo en su vida personal como la maternidad para volver a afianzar su inspiración y llevar su música a territorios algo más diversos, aunque sin perder nunca de perspectiva las señales de identidad de su rockabilly.

Tribal es un disco que apunta en más direcciones, en el que las guitarras se densifican y se afilan, rondando territorios que solían transitar, no sólo los Stray Cats, sino también, de un manera más agresiva, los Cramps, o con cierta vocación de himno hardrockero y pegadizo, las Runaways, o Joan Jett en su carrera posterior. El primer single, «It’s Good To Be Alive», nos permite reconocer a la Imelda de siempre, y temas como «Tribal», «Wild Woman», «Five Good Men», «Round the Bend» o «Right Amount Of Wrong», dan fe de sus ganas de endurecer un poco su sonido. Por supuesto hay espacio para baladas marca de la casa, también en registros diversos, desde la elegancia crooner de «Gypsy In Me» hasta los aires swing de «Wicked Way», pasando por toques de rythm and blues vocal que pueden incluso recordar a los Platters, como en «Little Pixie».

Hay un rasgo en común en todo el temario que completan los doce cortes de Tribal, y es que las composiciones alcanzan siempre un nivel altísimo: aquí no hay relleno, ni fórmulas fáciles para tirar por caminos trillados por mucho que la música ofrezca una identidad definida procedente de los ’50. Aquí lo que hay es un conjunto de maravillosas canciones interpretadas con abrumadora elegancia y exquisito gusto. En breve lo comprobaremos sobre un escenario.

por Gonzalo G. Chasco

Revista cultural Factor Crítico. Somos una revista dedicada a la crítica de cine, crítica literaria, crítica cultural, crítica de ensayo y crítica de cómic

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