H; 20 años de sexpeare

Han pasado algunos años desde que descubrí a la compañía Sexpeare, en 1999. Por aquel entonces, comencé a ir al teatro de forma asidua, sobre todo a salas alternativas, con mis compañeros de Filología Hispánica de la Universidad de Alcalá. Yo vivía en Guadalajara, y Madrid era aún una gran ciudad por descubrir. Cualquier evento que tuviera lugar nos parecía fascinante. En aquella atmósfera de juventud, la Sala Alfil, con funciones nocturnas, representaba en cierto modo un cabaret teatral, -casi- como la sala Galileo, con un pequeño bar donde se podía consumir alcohol antes de las representaciones.

La joven compañía Sexpeare ya llevaba varios montajes pero yo no había asistido a ninguno. De hecho, ni siquiera sabía lo que iba a ver. Alguien me convenció para quedarme en Madrid esa noche y fuimos a la Sala Alfil y compramos las entradas para una obra titulada Hipo, producida por Sexpeare en colaboración con la Compañía Yllana. Yo había visto recientemente 666, de esa última, y me pareció desternillante. Antes de la representación me tomé una cerveza. Entonces se apagaron las luces, se descorrió el telón y comenzó la psicodelia. Más que una obra de teatro, se trataba de una farsa o un vodevil de tintes apocalípticos, un pastiche en el que se mezclaban motivos tan dispares que resultaba conmovedoramente nuevo.

La protagonizaban Santiago Molero, Rulo Pardo y David Tenreiro. Éste último comenzaba por aquel entonces a tener cierto éxito como actor de televisión y pronto abandonó el grupo que había cofundado. Debo decir que, de los tres, David poseía un carisma humorístico fuera de lo común, aunque ya Rulo Pardo y Santiago Molero apuntaban maneras.

Tras este primer contacto, los vi de nuevo en ¡Qué pelo más guay! y en For sale, y ambas me recordaron en muchos aspectos a Hipo, especialmente en el humor casi absurdo de comedia de situación, con ese toque alucinógeno que –creo- siempre los ha caracterizado. De modo que cuando me enteré que cumplían veinte años, pensé que era la ocasión para ponerme al día con uno de sus montajes clásicos, H.

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La obra, que estrenaron en 2004, se hacía acompañar en el título de una leyenda muy descriptiva: El pequeño niño obeso quiere ser cineasta. Y, en efecto, se trata de una pieza cuya esencia es el cine o, para ser más precisos, el homenaje a películas y directores que –imagino- son admirados por los miembros de Sexpeare.

El argumento raya en lo delirante. Dos alumnos de una escuela de guionistas, encerrados en la casa de uno de ellos, se proponen escribir un texto para un concurso patrocinado por una conocida marca de galletas, que pone como condición que en cada una de las escenas debe aparecer su nombre. A partir de ahí, el despropósito se irá ampliando, hasta confundir realidad y ficción –si es que alguna vez estuvieron claras- en un pandemónium de tintes terroríficos.

En el guión, se alude a un director de cine de culto, nombrado como Hundler Kluendrer, que podría ser tanto una mención velada de Herzog como una variación de Humbert Humbert, el personaje que protagoniza Lolita. A lo largo de la obra de teatro, se hace un repaso de muchos otros directores y de sus películas, desde Hitchcock y Con la muerte en los talones o Psicosis, a El silencio de los corderos o Matrix. Mediante múltiples efectos de sonido y lumínicos consiguen también producir la sensación de hallarse viendo una película, o la parodia de una película.

La obra está protagonizada íntegramente por Rulo Pardo y Santiago Molero. Ambos actores representan al mismo tiempo varios personajes, travistiéndose abundantemente y cambiando de voz para adaptarse a ellos, en una suerte de maratón actoral que va volviéndose más y más enloquecida hasta la apoteosis final.

La repetición de situaciones con registros distintos es el principal recurso narrativo, imitando el proceso de creación de una trama, durante el cual se vuelve una y otra vez sobre las mismas escenas y los mismos personajes con ligeras variaciones hasta que se consigue el producto final, pulido y mejorado. La dramatización de este proceso creativo, tamizada mediante el recurso de la farsa, es en esencia el meollo de H, unida a una ambientación psicalíptica en la que se mezclan géneros con predominio general de la comedia esperpéntica. Una obra divertida e imaginativa que no ha perdido fuelle con el paso de los años.

por Miguel Ángel Mala


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Compañía Sexpeare
Reparto: Santiago Molero, Rulo Pardo
Teatro Maravillas

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