Grisaldi o el novio eterno

Tal y como señala la narradora al principio de la obra, el nombre de Grisaldi evoca en nuestras mentes un color, que siempre se ha asociado a la mediocridad, a la monotonía, a la cotidianidad de una vida burguesa y apagada. Eso reza el texto escrito por Alberto de Casso. Pero Grisaldi también sugiere cierto apellido de familia real europea con los que Grace Kelly se topó como el león que accede a una jaula.

Grisaldi es, en definitiva, el apellido de un burgués que quiere ser noble, o mejor dicho, el apellido de un plebeyo que aspiraría a ser burgués o noble y que por tanto vive en división permanente. Quizás este sea el eje sobre el que rota toda la obra.

A la salida de la función, cuando charlábamos con Yolanda Diego sobre el montaje, ella incidió en la toma de contacto con el texto. «Leyéndolo, uno diría que está todo hecho«, señaló, «pero después te das cuenta de que es mucho más complicado de lo que parece». Y lo es porque, debajo de la apariencia de comedia de situación, existe otro submundo. Al igual que el apellido del protagonista, los personajes pretenden ser lo que no son. Sólo cuando se les pone a prueba comienzan a competir y es entonces cuando surgen sus verdaderas identidades.

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En todo ello, el pilar que soporta el peso de la acción es Miguel Grisaldi, interpretado por Josep Albert Ruiz. Él es el detonante de las situaciones cómicas, el factor absurdo que irrumpe en las vidas de una familia de clase media-alta compuesta casi exclusivamente por mujeres. Se infiltra como un parásito que encuentra por fin el huésped perfecto y va anidando a costa del cuerpo familiar hasta que éste reacciona para tratar de eliminarle.

El trabajo de caracterización de Josep Alber Ruiz resulta fascinante. Desde un primer momento hay una transmutación alquímica del actor en otra persona, como si dijéramos poseído por el espíritu de su personaje. Grisaldi lo controla, Grisaldi lo maneja, Grisaldi lo conduce a sus anchas por los tortuosos senderos de la mentira. Es Cicerón en la palabra, un sátiro en los actos, el canalla que jamás tendrá una verdad  en su boca por más que lo torture Torquemada. El papel de Josep Albert Ruiz crece con los minutos de representación y se va apoderando no sólo de la familia sino del espectador, de la sala, creciendo como un hongo maligno hasta sobrepasar los límites del escenario.

Claro está que Grisaldi es un Tartufo moderno. Lo delatan la suavidad inicial de las formas, la mirada ridícula, el uso de la religión como palanca de conciencias. Lo delatan su traje barato, su sonrisa fingida, su persistencia psicopática. Pero al contrario que el maniaco de Moliere, la principal obsesión de Grisaldi no es la dominación. Es el amor.

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No es un amor sano, ni bueno, ni siquiera desinteresado, pero es amor. Bajo la costra casposa de desesperación que recubre a Miguel Crisaldi habita un sentimental. ¡Parásito, si, pero parásito enamorado!

El objeto de su amor no es otro que Laura, la hija de Agustina, una vieja novia que veinte años atrás tuvo y que ahora parece empeñado en recuperar. Es así como entra en las vidas de Agustina y de su hija Águeda, como si la atracción que sentía por Laura se extendiese a su madre y su hermana. Un viejo sueño que muchos hombres tienen o han tenido, el de disfRuthar a la hermana o incluso a la madre de su novia, una suerte de harén, un “todo queda en la familia” muy castellano, muy terruñero.

Agustina está interpretada por Yolanda diego y Águeda por Ruth Salas. La primera es la madre, la segunda la hija. Ambas se posicionan en polos opuestos con respecto a Grisaldi y nace así una confrontación triangular que se ampliará pronto al verdadero objetivo del santurrón, su hermana Laura, interpretada por Daniela Saludes. Yolanda Diego resulta increíblemente convincente, pese a su diferencia de edad con el personaje, completando todos los matices de personalidad de la madre. Incluso el detalle de las canciones religiosas es impecable, la mayoría cantadas a dúo con Grisaldi para más sorna.

Ruth Salas, por su parte, tiene la difícil tarea de enfrentarse al monstruo que amenaza con conquistar su hogar, con fagocitarlas a ella y a su madre pese a su firme oposición. Su interpretación visceral, llena de fuerza, va evolucionando hasta convertirse en una verdadera antagonista de Grisaldi, culminando en una escena entre la pantomima y la farsa en la que desactivará por fin al parásito.

Y por su parte Daniela Saludes ejerce de narradora además de representar a Laura. Quizás el punto culminante de toda la obra, cuando lucha contra Grisaldi y lo vence, se deba en gran parte a ella. Si bien Ruth Salas consigue mantener la tensión en u difícil crescendo, la que remata es Daniela Saludes, llegando a devorar a Grisaldi en una interpretación intensísima.

Me gustaría destacar la labor de Lidio Sánchez Caro. El director ha logrado articular el difícil mecanismo de relojería que es Grisaldi o el novio eterno en todas sus facetas. El ritmo es impecable, las situaciones han sido recreadas y aquilatadas con mano maestra,  los actores no sobrepasan ni desmerecen al personaje en ningún momento. La línea dramática ha sido marcada con mucha claridad, en definitiva, y esto da sentido a la obra, que se plasma en un montaje muy sólido repleto de hallazgos: la fisicidad nerviosa de Grisaldi, que todo lo abarca sin llegar a hacerse empalagosa,  el tempo de la acción, muy ajustado al desarrollo dramático de los personajes, o cómo se posicionan esos mismos personajes en todo momento sobre el escenario.

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Grisaldi no es una comedia de situación, en realidad, sino más bien una sátira al estilo romano con ese toque de postmodernidad que dan los finales abiertos. No sé si es lo que ha pretendido su autor, Alberto de Casso, pero al menos ésa ha sido la impresión que me ha dado a mí. Una obra que con su aparente facilidad demuestra que la maestría está en hacer parecer simple lo que, en el fondo, es algo muy complicado.

por Miguel Ángel Mala


grisaldi-el-novio-eternoGrisaldi o el novio eterno
Alberto de Casso
Dirección: Lidio Sánchez Caro
Interp: Josep Albert Ruiz, Yolanda Diego, Ruth Salas, Daniela Saludes
Antagonia Teatro
Teatro Fernán Gómez
Del 23/10/2014 al 16/11/2014

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