Entrevista a Fernando Palazuelos

por Miguel Carreira


Bilbao, 1965. Debutó en novela con La trastienda azul (Lengua de Trapo, 1998) que fue galardonada con el premio Torrente Ballester, Tigre Juan y Ciudad de la Laguna. Ha publicado una decena de libros que incluyen poesía, relato breve y novela, así como relatos en diversas antologías. También es ilustrador. Geometría del azar, su último trabajo, recogido en Factor Crítico incluye ilustraciones del propio autor.


Factor Crítico: Vamos a empezar por una cuestión sobre el género, que parece relevante especialmente en un caso como Geometría del azar. Éste es un libro de cuentos, pero heterodoxo desde el punto de vista del género, primero porque los cuentos están ligados a la evolución vital del personaje —lo que acerca el libro a la novela, aunque una especie de novela en stacatto—, segundo porque el personaje tiende a confundirse con el autor —lo que lo acerca a las memorias— y tercero porque insistes mucho en la cuestión de que el azar es un elemento imposible en la novela, porque la novela o al menos un cierto tipo de novelas, se fundamenta sobre la causalidad, que es lo opuesto al azar. ¿Hay una reflexión previa acerca del género en Geometría del azar o es, digamos, la forma hacia la que fue evolucionando el libro por su propia inercia?

Fernando Palazuelos: Desde el primer borrador el motor principal del libro fue lo azaroso, entendido como una energía o magnetismo sobre el que yo quería indagar. La pregunta era: ¿cómo hacerlo? La novela estaba descartada, porque un lector inteligente enseguida recela ante el recurso de que sucesos de la trama se resuelvan por simple casualidad. Tampoco parecía adecuado escribir relatos al uso. La única manera de abordar el tema era la narración de sucesos verídicos. La carambola casual, que en ficción no se perdona por parecer un recurso poco elaborado, en la realidad nos resulta sorprendente. Ésa era la clave. Necesitaba contar sucesos reales, pero haciéndolo con penetración quirúrgico-mágica, buscando la esencia de las situaciones, preguntándome por los mecanismos secretos que rigen el azar (de ahí que decidiera conjugar las narraciones con unos pocos apéndices reflexivos). Sí es cierto que me percaté a posteriori de algo curioso: el libro había alcanzado otro nivel literario añadido, pues sin apenas darme cuenta había elaborado una peculiar autobiografía. Tal vez por todo ello es un libro de género inclasificable. Tiene una leve semejanza con una novela con forma de diario, cosa que no es; tiene aspecto de un libro de relatos; tiene mucho de biografía familiar y personal; y penetra en la reflexión filosófica y el ensayo. Asimismo, cada texto está ilustrado. Esto era la guinda de presentación para un proyecto que me hechizó desde el principio. Es un privilegio ver editado este libro tal y como yo lo imaginé.

Factor Crítico: Nos habla de que se siente afortunado por haber podido ver editado un libro como éste. ¿Se toman pocos riesgos editoriales en España?

Fernado Palazuelos: Según los editores, publicar libros de relatos es arriesgar tiempo y dinero. Entiendo que se trata de hacer una apuesta por un producto cultural que no se sabe si se va a vender. Ojalá las cosas no fueran así, pero es lo que hay. Las editoriales fuertes sólo publican este tipo de libros cuando son de autores mediáticos. Son las editoriales independientes las que se esfuerzan por crear hermosos libros que, entre el marasmo de novedades, tristemente pasan desapercibidos. Curiosamente quienes menos medios tienen son los que más arriesgan.

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Ilustración de Fernando Palazuelos incluida en su blog

 

Factor Crítico: En su opinión: ¿están cumpliendo las editoriales su función como filtro y altavoz de las voces literarias, o ese exceso de precaución supone un lastre demasiado pesado?

Fernado Palazuelos: No sé exactamente por qué sucede, pero la calidad de los libros a menudo no es parejo al ruido mediático de las promociones. Sé de casos en los que un agente es capaz de negociar la traducción de una novela aún no escrita, y sé de casos en los que un escritor interesante, sin padrinos y sin agente, pero con un libro notable bajo el brazo, ha de andar dando tumbos buscando editorial. Lo interesante sería que los propios lectores conocieran lo que se está haciendo por ahí, pero las mesas de novedades están llenas de libros nacidos para venderse como puro producto (no todos; hay libros que se venden mucho y además son una joya). Aun así, como autor lo más sano es no sufrir por cuántos lectores te leerán y sentirse satisfecho por esos lectores fieles con los que uno ha sabido conectar.

Factor Crítico: ¿Cree que los cambios en el mundo editorial pueden permitir a las pequeñas editoriales aumentar su difusión o que caminamos hacia una centralización creciente y una uniformización de la cultura literaria?

Fernado Palazuelos: Difícil cuestión. Los grandes sellos cada vez tienden a copar más el mercado. Pero afortunadamente los editores independientes buscan la complicidad del lector exigente, que disfruta al encontrar pequeñas joyas en este mundo-escaparate de luces y ruido. Invito a los amantes de la buena literatura a que ojeen catálogos de ciertos sellos, o que fisguen en las librerías detrás de las enormes torres de promoción del último bestseller.

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Factor Crítico: ¿Cree que los géneros tienen una función? Es decir, ¿pueden funcionar como herramientas para el autor o el lector o las ve sólo como herramientas impuestas por el estudio crítico y que sólo tienen utilidad en ese ámbito?

Fernando Palazuelos: A mí me encanta traspasar esas líneas fronterizas, indocumentado, osado, aventurero de la indagación literaria. Entiendo que los géneros ayudan a ordenar análisis y comentarios, pero los autores estamos obligados a experimentar, no a acatar cánones rígidos o compartimentos estancos. Personalmente me encantan los límites difusos y la hibridación. En mis tres libros de relatos he incluido dibujos míos y reflexiones. ¿Una osadía por mi parte?

Factor Crítico: Geometría del azar trata sobre las casualidades que rigen la vida de un personaje que, además, juega con confundirse con el narrador-autor. El azar que se muestra es un azar no trascendente, en el sentido de que no se busca que haya una explicación subyacente para esa fuerza. Dicho de otra forma, no se espera del azar que proporcione un sentido de la existencia, de modo que lo que nos queda es una especie de «fuerza ciega» sacudiendo a los personajes. ¿Cree que el ser humano tiene una cierta resistencia a aceptar este tipo de intrascendencia? ¿Intentamos darle sentido o buscar una coherencia a hechos meramente aleatorios?

Fernando Palazuelos: Agudísima pregunta. He ahí la esencia del libro, el motor que lo mueve. Mi indagación trata de formular preguntas, ilustrar las mil facetas de lo fortuito, de los paralelismos, de las simetrías, pero efectivamente no soy yo quien puede desvelar verdades universales. En realidad nadie puede hallar una explicación racional o científica al azar. Por eso mi interés radica en mostrarlo, analizarlo, hurgar en sus mecanismos secretos. No para encontrar el fin último de su sofisticado sistema de relojería, sino para dejarme cautivar y para invitar al lector a que también se deje seducir. Es algo así como asistir a una sesión de magia. Yo muestro curiosos artificios del mago del azar, pero por más que destapo trampillas y cierres secretos, no consigo descubrir los fundamentos íntimos, los mecanismos cósmicos que lo rigen. Mi interés está pues en la magia, el sortilegio, la sorpresa y, sobre todo, en dejar una curiosa duda resonando en la mente del lector.

Factor Crítico: ¿Esto implica una forma en general de ver la literatura? ¿Entiende que la literatura debe ofrecer preguntas, pero no inmiscuirse en las respuestas?

Fernando Palazuelos: Depende mucho del libro, claro. Pero por descontado adelanto que, aunque un narrador omnisciente cuente una historia de ficción, es demasiado presuntuoso atribuirse el papel de pequeño dios que todo lo sabe, lo juzga y lo etiqueta. Puede escribirse así, pero no creo que sea acertado. La literatura es un gran laboratorio donde se modeliza la sociedad, un campo de experimentación donde se recrean situaciones y paradojas. Y si en la vida no es fácil juzgar, llegar a conclusiones definitivas, adivinar el determinismo subyacente en todo comportamiento humano, ¿por qué vamos a creernos capaces de hacerlo en ese laboratorio? Si nos interesamos en leer ficción no es para pasar un buen rato simplemente. Hay mucho ocio para pasar el rato sin hacer mover las neuronas. Si algunos leemos es porque buscamos buenas preguntas, indagaciones que quizás nosotros, entre líneas, podemos seguir en soledad, con esa increíble máquina que tenemos para pensar, imaginar, sentir, dudar…

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Factor Crítico: Una pregunta para que nuestros lectores lo conozcan un poco mejor. ¿Qué autores, literarios o no, considera más importantes en su forma de entender la literatura?

Fernando Palazuelos: Es difícil confesar influencias cuando en realidad mi búsqueda, no temática ni estilística, sino en el aspecto más de indagación y penetración psicológico-sociológica, se ha ido nutriendo de muy variadas fuentes. En todo caso, siempre me interesan aquellos autores que, con la «excusa» de contarnos una historia, profundizan en la condición humana. Cervantes, Conrad, Hemingway, Zweig, Grossman, Muñoz Molina, Mendoza, Barnes, Carver, Raymond Chandler, Vonnegut, Márai, Kadaré, Hrabal, Davies, Stegner, Vasconcelos, Pessoa y un larguísimo etcétera están entre los autores que me han ido interesando. Posiblemente el mes próximo esta lista comenzaría con diez nombres distintos. La buena literatura es la que deja poso, la que cuenta algo por su parte superficial mientras por debajo nos inocula la duda del ser, la búsqueda de los porqués, el deseo de aprender. Esa es mi senda como autor.

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