La CIA y la Guerra Fría cultural; de Frances Stonor Saunders. Cuando las ideas importaban

En los manuales de historia todo está más o menos claro hasta la II Guerra Mundial. A partir de ese momento el patrón narrativo se complica: la Guerra Fría, la hegemonía americana, la caída del muro… todo hasta llegar a los plomizos días en los que nos encontramos. Este monumental libro (casi seiscientas páginas si incluimos notas, índices y bibliografía) constituye un relato trepidante de unos decenios clave: 1947-1967. Lo que aquí encontramos es la historia de cómo en esos veinte años la principal potencia económica y militar decidió que una parte importante de la macabra partida que mantenía con la Unión Soviética se jugaría en el territorio de la cultura. Como en el deporte, en el ajedrez o en la carrera espacial había que llegar primero, más lejos, más alto, más fuerte. Literariamente los rusos lo habían tenido todo, pero el presente ofrecía una oportunidad que la joven potencia no estaba dispuesta a dejar escapar.

 

Espero que todo esto no suene frívolo, pero echo de menos aquellos tiempos. La época en la que los espías eran tipos misántropos pero geniales, que no usaban ordenadores ni móviles sino únicamente su prodigiosa memoria, que quemaban sus pestañas en archivos recónditos y soñaban con realizar un enroque magistral en el Checkpoint Charlie, que protagonizaban El cuarto protocolo o El espía que surgió del frío. Ahora tenemos wikileaks, blogueras cubanas y carromeros de la vida. Vamos, que no es lo mismo.

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La CIA y la Guerra Fría Cultural se lee como una buena novela de espionaje. O sea que, a pesar de ser un texto sustentado en una copiosa labor de documentación, tiene pulso y está bien escrito. Los angloamericanos dominan como pocos el arte de escribir de una manera seria resultando a la vez didácticos y entretenidos, algo que, además, encuentra su perfecta expresión en los atinados títulos que escogen, ahí van algunos de los capítulos de este libro: «Cadáver exquisito», «Marxistas en el Waldorf» o «La bahía de Cochinos literaria».
Estados Unidos descubrió que la victoria en la batalla por la legitimación ideológica ― o por el prestigio cultural, que a veces son la misma cosa― pasaba no tanto por desacreditar a la izquierda a cualquier precio sino por conquistar a sus intelectuales y, en cierto modo, despertarles del embrujo sartreano. Por hacerles ver que el marxismo soviético no era la solución, sino que el estilo de vida americano, la libertad de consumo y de pensamiento era, en el fondo, mucho más acorde con un ideario progresista que el férreo y diabólico comunismo estalinista.

 

En la portada de este libro tres tipos acodados sobre un mantel parecen estar tramando algo. John Hunt, Michael Josselson y Melvin Lasky ―con la decidida participación de Nicolas Nabokov― son los cuatro pilares sobre los que la CIA construyó su entramado de fundaciones, revistas y congresos que contribuyeron a situar a Estados Unidos en el centro de la modernidad cultural. Los dólares fluían sin cuento, la estructura alcanzó proporciones siderales y parecía que la fiesta iba a durar para siempre. El intento de justificar la intervención americana en Vietnam constituyó el principio del fin. Muchos intelectuales se escandalizaron ―o, al menos, fingieron escandalizarse― de que la CIA hubiese financiado actividades y proyectos de los que habían formado parte. De pronto la rentabilidad de aquella gigantesca empresa empezó a no verse demasiado clara y el dinero dejó de circular. A modo de ejemplo, la revista Encounter―verdadero emblema de aquellos días― terminó cerrando incapaz de sobrevivir sin los fondos de la agencia.
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Creo que hoy en día nada de lo que se cuenta en este libro tendría demasiado sentido. Ya no se le atribuye esa capacidad de influencia (esa importancia, esa fuerza, ese peligro) a la cultura. O tal vez no se necesite un mecenazgo ideológico porque, en el fondo, ya nadie pone en cuestión la sociedad de consumo ni, en general, todo aquello que Estados Unidos simboliza. El éxito incontestable de su industria del entretenimiento así lo atestigua. Dicho lo cual, posiblemente la única manera de tratar de comprender el presente pase por un análisis de nuestro pasado más inmediato y, en este sentido, La CIA y la Guerra Fría cultural es un documento valiosísimo. Y, qué demonios, bastante divertido.

por David Sánchez Usanos


factor-critico-la-cia-y-la-guerra-fría-intercultural-finalLa CIA y la Guerra Fría cultural
Francis Stonor Saunders
Debate
2013
ISBN: 978-84-9992-236-2
597 páginas

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