El conocimiento del escritor¸ de Jacques Bouveresse

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Con los años uno va aprendiendo que cuando una obra tiene un título ambicioso ―y, ciertamente, El conocimiento del escritor. Sobre la literatura, la verdad y la vida es un título ambicioso― suele pertenecer a uno de estos dos grupos: el de las que resuelven el problema al que apuntan o el de las que contribuyen a ordenarlo. De las primeras hay muchas menos, de hecho ahora mismo soy incapaz de recordar ninguna. Todavía cabría mencionar una tercera categoría, claro, la de aquellas obras que no hacen ni una cosa ni otra. Pero hoy no estamos aquí para habar de estafas sino de un libro que merece mucho la pena. Este texto de Bouveresse pertenece al segundo tipo: no sirve para cerrar ningún debate ni para zanjar ninguna conversación de sobremesa o barra de bar, pero proporciona un mapa de lecturas bastante interesante.

Lo primero que hay que decir es que Jacques Bouveresse no responde al cliché de filósofo francés contemporáneo: se dedica a Wittgenstein y a la filosofía analítica y escribe con claridad y sin pretensiones. De hecho, le honra lo que coloca al principio de su «Introducción». Una advertencia que quizá desanime un poco a ese lector un punto adolescente ávido de respuestas y de originalidad (que no se me entienda mal: todos llevamos uno de éstos dentro):

«Para evitar cualquier malentendido, debo sin duda empezar con una advertencia que formularé citando lo que escribió Musil al principio de un breve ensayo sobre Lo indecente y lo enfermo en el arte: “Poner en orden algunas ideas que los hombres inteligentes conocen desde hace mucho tiempo puede resultar extremadamente aburrido. Pero, en determinadas circunstancias, nada parece lo suficientemente conocido como para no tener que repetirse de nuevo públicamente”»

Total, que no hay que dejarse guiar por los títulos de los libros. O, al menos, no del todo. Porque el objeto de esta obra no es tan amplio como pudiera parecer (Sobre la literatura, la verdad y la vida, ¡madre mía!). Ni siquiera cubre del todo ―¿cómo podría hacerlo?― ese vasto y atractivo territorio que forma la posible intersección entre filosofía y literatura. No. Y no lo hace porque Bouveresse maneja un concepto más restringido de cada uno de esos términos. Bastante restringido, en realidad. En este libro fundamentalmente le preocupan dos cosas en relación con la literatura y con la filosofía: la cuestión del conocimiento (la de si existe algún conjunto de verdades o de experiencias con valor epistémico que sean competencia exclusiva de la literatura) y, en parte relacionada con ésta, la de si podemos encontrar en lo literario una guía fidedigna para nuestra acción y nuestro juicio moral.

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Casi desde el principio Bouveresse muestra sus cartas ―ya habíamos insinuado que parecía un tipo honesto―: la parte de la filosofía que más le interesa es la filosofía moral o, expresado en términos más inclusivos y contemporáneos (y un tanto paradójicos), la filosofía práctica: sirva como muestra el que la figura filosófica que más aparece en El conocimiento del escritor sea Martha Nussbaum (!). Y algo similar sucede con la literatura. ¿Qué entiende Bouveresse por «literatura»? Bueno, fundamentalmente la narrativa europea; así, Musil, Proust y Maupassant son tres de los autores más citados.

 

Con estos materiales Bouveresse plantea treinta capítulos que en los que van reapareciendo una y otra vez los problemas más relevantes relacionados con las dos cuestiones mencionadas. Conviene advertir que Bouveresse cita, cita mucho. Ello quiere decir que posiblemente este libro lo disfrute más quien esté al tanto de cierta literatura secundaria y/o quien esté dispuesto a conceder al autor la pertinencia y la autoridad de las menciones que realiza si es que las desconoce. Y también hay un efecto colateral: muchas veces la voz de Bouveresse queda amortiguada por la de otros personajes a los que admira (Wittgenstein, Musil o Proust) y su propia posición queda difuminada. De hecho, diría que contribuye muy bien a fijar los términos de lo que le preocupa pero que, respecto a esos mismos asuntos, no resulta demasiado concluyente. Con algunos capítulos uno siente que está ante uno de esos escritos académicos que, de un modo casi automático, y a falta de algo mejor que decir, siempre finalizan aludiendo a la necesidad de futuras investigaciones en esa línea.

 

No obstante, hay algo en lo que nuestro autor sí se muestra terminante: en la ofensiva que mantiene contra la beatería de determinados filósofos (o para-filósofos) respecto a la literatura y a su taumaturgia. Ya había un buen ataque a los lugares comunes y al presunto carácter inefable de la experiencia literaria ―y, en consecuencia, de los que glosan y celebran dicha inefabilidad― en el «Preámbulo» de Bourdieu a su Las reglas del arte (1992) que el propio Bouveresse menciona. Pero supongo que considera que el papanatismo de cierta academia sigue profundamente arraigado, por lo que entiende que continúa siendo necesario proseguir con su particular Ilustración: «No se trata de la (gran) teoría, sino simplemente de santurronería filosófico-literaria». Una grey que, además, renuncia de partida a intentar comprender aquello que tanto les atrae.

 

«El problema crucial es que media un abismo ―que generalmente ni siquiera se intenta franquear― entre este tipo de afirmaciones generales sobre la función de la literatura y un intento verdadero de aportar, sobre una obra determinada, una idea precisa del o de los conocimientos que encierra y que supuestamente sólo ella puede transmitirnos»

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Al menos Bouveresse es honrado, asume la medida de sus propias fuerzas y no se conforma con postrarse ante el poder de lo ignoto. Lo cual no significa que triunfe en su empeño, pues el problema ―el tipo de conocimiento al que da acceso la experiencia literaria, su especificidad y su ruta―, queda irresuelto pero, insistimos, adecuadamente planteado.

En cierto modo es como si Bouveresse no supiera dónde colocar a la literatura en aquel árbol del conocimiento de Descartes y, sin embargo, no pudiese renunciar a esa tarea clasificatoria. Por el camino, eso sí, nos proporciona un valioso itinerario.

 

Pero, entonces, ¿hay que comprarse el libro?, ¿es bueno?, ¿hay que leerlo? Considero que la mejor respuesta a este tipo de preguntas pasa por medir los efectos que la lectura de una obra nos produce. Tras leer El conocimiento del escritor dan ganas de leer más libros, de profundizar en determinados asuntos, de discutir con Bouveresse, de subrayar. Se trata, por tanto, de un texto muy útil que inevitablemente nos conducirá a otros, también de este mismo autor (que, sin duda, sabe de lo que habla: no tardaré en hacerme con lo que tiene sobre Wittgenstein). Sirva este libro también para saludar el proyecto editorial de la dostoyevskiana Ediciones del subsuelo cuya línea de ensayo literario es de lo más recomendable.

 

Por David Sánchez Usanos


el-conocimiento-del-escritor-finalEl conocimiento del escritor. Sobre la literatura, la verdad y la vida
Jacques Bouveresse
Traducción de Laura Claravall
Ediciones del subsuelo
ISBN:9782748900828
Barcelona, 2013
266 páginas

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