Geometria del azar, de Fernando Palazuelos

por Miguel Carreira

 En algún momento habrá que agradecer a Baile del Sol —y semejantes— la labor editorial que hacen en este país, una labor que pasa por desmentir que la cultura de un país coincida exactamente con la industria cultural existente. Hay movimientos que crecen en los bordes. No es cierto que el siglo XX inventase el underground. Lo que inventó fue una industria cultural lo suficientemente potente como para abarcar una buena parte de la cultura visible y como para definir una zona de sombra, lo suficientemente amplia y densa como para que zambullirse en ella exija cierta dosis de coraje.

Porque, aunque la industria cultural no represente toda la cultura de un país, sí es cierto que la salud de la industria condiciona la salud de la cultura, y que el trabajo de editoriales como Baile del Sol permiten que podamos hablar de otra industria, de una pequeña industria que vive en los márgenes de la sombra y que resiste publicando a autores jóvenes en castellano (difícil y meritorio) en géneros como el cuento (aún más difícil y aún más meritorio). Géneros y autores que no tienen —algunos quizá todavía lo tendrán— un hueco en el panorama editorial y que ya no tienen la posibilidad de acceder a medios que, otrora, les fueron otorgados. Las publicaciones periódicas, por ejemplo.

Fernando Palazuelos lleva a cabo en Geometría del azar una investigación sobre lo casual y sobre el azar. El juego de palabras sería algo así como que el azar que se investiga aquí es la causa de lo casual. Para esta investigación se apoya en dos géneros y, al hacerlo, plantea una definición negativa de un tercero. Por un lado, las narraciones se presentan en forma de cuento. Son narraciones breves y autónomas que, mantienen a un único personaje —el mismo Palazuelos— que va creciendo a lo largo de los relatos, enhebrándolos para crear un libro que juega con los límites genéricos entre la ficción y las memorias.

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Los jugadores de dados de Georges de laTour

 

 

 

Hay que añadir la inclusión de un tercer género —el ensayístico— cuya inclusión en el libro no resulta tan llamativa desde un punto de vista, digamos, técnico, ya que los textos ensayísticos figuran aparte. Sin embargo, es en estos textos donde se hace explícita la definición negativa de este tercer género, ya que entiende la novela como un artefacto en el que la acción de los personajes debe estar regida por la causalidad, lo cual justificaría el uso del relato breve como un lugar donde lo arbitrario tendría mejor acomodo. El juego, al final, resulta algo más complejo que una simple oposición novela-causalidad/cuento-casualidad. Evoca, como digo, una cierta concepción de lo novelesco y nos recuerda a aquellas teorías de Propp sobre el papel de lo arbitrario en las narraciones breves.

Nuestra relación con el azar, en una época en el que la ciencia monopoliza el paradigma de verdad, forzosamente tiene que ser distinta a la que con él mantenían los antiguos. Es muy pertinente la comparación que aporta Palazuelos en el prólogo de esta Geometría del azar, que nos recuerda que, durante la Edad Media, el azar fue vetado por el cristianismo, porque acusaba un defecto en la extensión de la omnipotencia de Dios. Lo azaroso, en última instancia, era para los teólogos fruto de un designio —es decir, que no era azar—, aunque el sentido de dicho designio permaneciese oscuro.

La ciencia moderna, por el contrario, también desestima el azar como factor, pero este no desaparece del todo. La ciencia todavía tiene que echar mano de él —o no lo puede descartar— para explicar la formación del universo o el origen de las primeras proteínas. El azar, entonces, no queda abolido, sino extrañamente encumbrado al puesto de motor originario, un lugar que, en otro tiempo, le correspondió a las deidades. Ahora la ciencia lucha por reducir al máximo el campo de acción del azar, lucha contra el elemento que cierra su propio sistema y se convierte en algo así como una religión imposible, que busca destruir a su propio dios.

Pero tanto la ciencia como la teología no dejan de ser sistemas con los que nos entendemos con el mundo a un nivel intelectual, y que resultan menos operantes en el terreno cotidiano. Podríamos decir que el azar, en el terreno de los instintos y de las reacciones, se libera de las ataduras de los sistemas. Si una moneda cae siete veces por la misma cara, especialmente si eso sirve para dilucidar alguna cuestión importante, como quién baja la basura o de qué color va a ser el coche, la primera impresión será casi siempre de sorpresa. Luego llegará el socorro de la razón, que le explicará al simplón que todos llevamos a flor de piel que todo puede pasar, que cada lanzamiento, en el fondo, tiene las mismas posibilidades de terminar con uno u otro lado de la moneda. Pero, esto son explicaciones de la razón. A primer golpe de vista, nos dejamos llevar por la maravilla. Atribuimos al segundo lanzamiento algo del primero. Si la primera moneda sale cara, nos resulta irresistible sentir que en la segunda hay menos posibilidades de que se repita. El azar tiene un espacio muy pequeño en el intelecto, pero campa cómodamente en esos lodos de los que surgen las supersticiones.


factor-critico-geometria-del-azar-sliderGeometria del azar
Fernando Palazuelos
Baile del sol
ISBN:978-84-15019-90-9
2012
146 pp

Revista cultural Factor Crítico. Somos una revista dedicada a la crítica de cine, crítica literaria, crítica cultural, crítica de ensayo y crítica de cómic

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