Before Watchmen, de varios autores

por Roberto Bartual 

Decir que Watchmen es al cómic de superhéroes lo que Ciudadano Kane al cine de Hollywood puede parecer un tópico, pero no lo es tanto si consideramos que dicha comparación no ha de ser tomada sólo como un elogio. Ambas obras supusieron, en sus respectivos medios, una revolución temática y formal que, sin embargo, no encontró una continuidad real. El guionista de Watchmen, Alan Moore, se quejaría años más tarde del negativo impacto que, a su pesar, había causado en la industria, más empeñada en imitar el tono oscuro y psicótico de sus personajes (ese tono que hoy en día, en manos de Christopher Nolan, muchos asocian a los «superhéroes para adultos») que de buscar inspiración en sus numerosísimos hallazgos narrativos. También Orson Welles lamentaría a su manera las repercusiones negativas de Ciudadano Kane, película que Hollywood aprovecharía para cerrarse en banda y no volver a ofrecer a nadie más la libertad creativa que Welles había disfrutado al rodar dicha película.

Efectivamente, la industria del entretenimiento no quiso traspasar las puertas que ambas obras abrieron en su día, y es por ello que el anuncio de D.C. de publicar una precuela de Watchmen suene, en principio, un tanto ridículo. No hace falta ser muy avispado para adivinar que la intención de D.C. es la de capitalizar el tirón nostálgico que los personajes de Watchmen tienen entre los treinta y cuarentañeros que respondemos pavlovianamente a cualquier intento de revivir los hitos culturales de los ochenta. La estrategia que han elegido en esta ocasión es inversa a la utilizada hace unos meses para relanzar sus principales franquicias editoriales. En lugar de recurrir a guionistas y dibujantes como Grant Morrison, Jim Lee o Tony Daniel, que todavía siguen manteniendo un ligero ascendente sobre los lectores más jóvenes, la D.C. ha querido demostrar su sincero pero mal entendido respeto por el cascarrabias Alan Moore, encargando los diferentes títulos que componen esta precuela a guionistas y dibujantes con un cierto aura «independiente», apoyándose en su sólida trayectoria creativa para cubrirse las espaldas contra las críticas.

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Los directores de la Nouvelle Vague usaban la expresión «de qualité» para desprestigiar el cine de sus mayores, un adjetivo que bien podríamos aplicar a Before Watchmen. Productos culturales diseñados para no molestar a nadie, especialmente a sus consumidores más reflexivos, y cuya buena hechura de apagados pero elegantes tonos beis (incluso cuando no hay más colores que el blanco y el negro) es fácil confundir con el aire que se supone que debe tener una obra maestra. En resumen, un poco como Adele en los tiempos que corren. Lo cual no quiere decir nada bueno ni nada malo, sino todo lo contrario: no conviene subestimar las obras «de qualité», ni tampoco los planteamientos puramente comerciales como el que hay detrás de Before Watchmen. Si hay algo que nos deberían haber enseñado los ejemplos de Moore y Welles, es que los resultados de una obra con frecuencia se desvían del camino esperado por sus creadores.

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Ozymandias, de Len Wein y Jae Lee

En cuanto a los resultados de Before Watchmen lo mínimo que se puede decir es que son desiguales. La nómina de autores es demasiado heterogénea como para que sea de otra manera. Junto con Brian Azzarello, escritor muy versado en el género negro, nos encontramos a Darwyn Cooke, un especialista de la nostalgia superheroica, a un guionista como J. Michael Straczinsky que igual es capaz de escribir diálogos para Spiderman como para Clint Eastwood, o a Len Wein, el insigne creador de Lobezno. Este último constituye quizá la mayor decepción del conjunto de títulos que componen Before Watchmen, sobre todo si uno moldea sus expectativas pensando que Wein fue también creador de La cosa del pantano, colección con la que Alan Moore obtuvo su primer éxito internacional. Es un golpe de justicia poética el que el ya casi olvidado Wein se encargue ahora de un personaje creado por Moore, Ozymandias, y también que el responsable del dibujo sea el impresionante Jae Lee. Sin embargo, el Ozymandias de Wein y Lee resulta ser una simple historia de orígenes, y por otro lado, una no demasiado original, pues básicamente lo que hacen es convertir al fascinante Ozymandias en una versión glam de Batman.

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El Comediante, de Brian Azzarello y J.G. Jones

Más donde rascar hay en El comediante de Brian Azzarello y J. G. Jones, si bien el título queda un poco lastrado por esa manía que tiene Azzarello de hacer que la progresión narrativa dependa demasiado de vueltas de tuerca ingeniosas. El problema es que cuando se aprieta dos veces la misma tuerca, el conjunto puede apretar demasiado, y Azzarello tiene la mala costumbre de hacer precisamente eso. De hecho, en una de las primeras escenas de El comediante vuelve a usar uno de los golpes de ingenio más acertados de 100 balas, el de aquel capítulo en el que descubrimos que el asesino de J.F.K. fue nada más y nada menos que un celosísimo y vengativo Joe DiMaggio. Aquí, Azzarello completa la historia sugiriendo que fue el mismísimo Comediante quien mató a Marilyn por orden de Jackie Kennedy. Un buen arranque para sus andanzas, quién puede negarlo, pero hasta el momento y ya con dos números publicados, El comediante no parece consistir en mucho más que una colección de guiños políticos dirigidos a lectores que vivieron la guerra fría y que a lo mejor sonríen al ver al Comediante codeándose con los Kennedy y recibiendo órdenes del Secretario de Defensa Robert McNamara.

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Silk Spectre, de Darwyn Cooke y Amanda Conner

En cualquier caso, la buena noticia es que, de momento, los títulos escritos por Darwyn Cooke, Minutemen y Silk Spectre, justifican por sí solos la existencia de Before Watchmen. El delicado y sutil tono nostálgico del autor de The New Frontier no queda muy lejos de la ternura y la ausencia de cinismo que caracteriza a los pasajes más emotivos del Watchmen original. Es un gran acierto, por tanto, que Cooke (con la imprescindible colaboración de Amanda Conner en el guión y el dibujo de Silk Specrte) se haya encargado de desarrollar en estos dos títulos los conflictos más cotidianos, menos superheroicos, de la obra de Moore y Gibbons: la decepción del primer Buho Nocturno al saberse una simple marioneta de un proyecto comercial, o la complicada y hermosísima relación de la primera Silk Spectre con su hija. Incluso las referencias culturales que maneja Cooke serían bienvenidas por Alan Moore con una mueca de aprobación; resulta brillante, por ejemplo, la aparición de Owsley Stanley, el mejor fabricante independiente de ácido lisérgico de los sesenta, en el centro de un complot gubernamental con la intención de traicionar a Ken Kesey e introducir LSD adulterado en sus celebérrimos ponches para transformar el impulso creativo producido por la droga psicodélica en un impulso dirigido hacia el consumo de música popular.

Todavía es demasiado pronto para hacer un balance global de Before Watchmen, pues apenas se han publicado los primeros números de algunos de los títulos de la precuela, pero confiamos que este vistazo inicial sirva al menos para dar una idea de lo que podemos esperar de ella. Según vayan apareciendo más títulos, seguiremos informando de ellos en esta sección de cómics de Factor Crítico.


Factor-Crítico-Before-Watchmen-fondoBefore Watchmen
D.C. Comics
Before Watchmen: Minutemen (6 números), Silk Spectre (4 números), The Comedian (6 números), Nite Owl (4 números), Ozymandias (6 números)
28 páginas cada número

Revista cultural Factor Crítico. Somos una revista dedicada a la crítica de cine, crítica literaria, crítica cultural, crítica de ensayo y crítica de cómic

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