Miguel Carreira


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Física familiar

por Miguel Carreira

Hace dos mil cuatrocientos años Sófocles ya había dejado constancia de que al hombre malvado se le conoce en un solo día. Es una frase que siempre plantea dudas acerca de su verdadero sentido. ¿Debemos entenderla en el sentido más cínico, es decir, que un hombre que comete un solo acto de maldad queda marcado para siempre?, ¿o en el más cauto, el que parece indicar el resto de la frase, que continúa diciendo «para conocer al hombre justo hace falta más tiempo»?


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Los niños

A lo mejor una de las frases que más daño han hecho a la narrativa de los últimos cien años ha sido la idea, sin embargo, tal vez cierta, de que todas las familias felices son iguales. A partir de aquí (aunque no sólo de aquí) cundió la cómoda idea…




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Arrebatada exactitud. El perro que comía silencio, de Isabel Mellado

por Miguel Carreira

Lo extraordinario reside en la arrebatada exactitud de la fantasía

Theodor W. Adorno

Ahora vamos a empezar haciendo algunos apuntes que podrían ser interesantes sobre el libro, aunque a veces el interés, al menos de cara a un posible provecho exegético, será una posibilidad remota. Es un aviso. Isabel Mellado es chilena y este es su primer libro


No pregunten por Gagarin

No pregunten por Gagarin

por Miguel Carreira

Igual que en los cuentos Bolañescos, los cuentos de No pregunten están construidos a partir de la acción constante. Cada cuento es una sucesión de acontecimientos, no necesariamente frenética, pero siempre constante. Todo avanza con una constancia que hace resonar el destino. En No pregunten por Gagarin no hay descripción, ni localización. No se puede reconstruir Dublín a partir de ellos, pero es que tampoco parece factible reconstruir cualquier habitación o algún paisaje de los que aparecen en el relato. Mientras leemos avanzamos por un pasillo. A los lados, el paisaje no existe. Quizás no sea casual que más de uno de estos cuentos estén ambientados en terrenos yermos, ni que algunos de estos cuentos del desierto, y también algún otro, tengan como fondo el tema del vacío, un fantasma que, de forma más o menos explícita, parece acechar en cada página, aunque evitando la megalomanía metafísica del concepto, que a estas alturas ya resulta un poco rococó.


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Barbarismos

por Miguel Carreira

Dicen que todos los grandes escritores aportan sus palabras al idioma. El paradigma es Shakespeare, claro, cuyas aportaciones al idioma son tantas que bastarían para crear, si no un idioma nuevo, sí un dialecto bien surtido. Esta necesidad de crear idioma donde no lo hay, de expandir el territorio de la lengua, es parte de la tarea del escritor, quizás la más importante. El escritor está condenado a utilizar un medio que es, a la vez, insuficiente y fecundo, demasiado restringido y descomunalmente inabarcable. Un asunto tan grave merece una broma de vez en cuando.


Conquistador

Conquistador

por Miguel Carreira

La primera frase de Conquistador detiene, literalmente, una bala. Una bala que llega hasta el ojo ocular de un pobre diablo y que se detiene justo ahí, en el momento en el que la punta afilada de metal está a punto de rasgar la curva acuosa del ojo. Luego, claro, todo se precipita, aunque no demasiado ni de forma continuada. Todo se toma su tiempo, pero un tiempo quebrado en su narrativa, que recuerda un poco a la parábola imposible de Zenón.


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Ensayos de Italo Svevo

por Miguel Carreira

Aaron Hector Schmitz  nació en Trieste, en el año 1861. Desde su juventud Schmitz se formó y se dedicó parcialmente a la literatura y de forma más profesional e intensa a los negocios, un campo en el que alcanzó reconocimiento y una bien ganada reputación de hombre fiable y cabal. En 1892, Schmitz se inventó a Svevo, al que puso de nombre Italo y al que convirtió en el autor de la novela Una vida, con la que dio por primera vez forma novelesca a esas aspiraciones literarias que había arrastrado durante toda su vida y que hasta entonces sólo había desfogado en trabajos que luego han sido considerados menores y que probablemente lo sean. Más tarde Svevo escribiría algunas novelas más. La más conocida, probablemente, sea La conciencia de Zeno, que Svevo escribió según la crítica, bajo la influencia reconocida de Joyce y la negada influencia de Freud