Bernie de Richard Linklater | Revista Cultural Factor Crítico

¿Quién es Bernie?

En principio, se parece a Jack Black. Linklater sabe extraer de él esa vertiente siniestra que ya se percibía en su primera aparición en pantalla en Ciudadano Bob Roberts (1992), como el psicopático seguidor del político republicano que encarnaba Tim Robbins. Como si un Alien habitara en esa exuberancia histriónica arrolladora, y pudiera brotar del actor en cualquier momento. Queda definido en la primera secuencia lo que es o lo que parece, o quizá ambos aspectos. Nos presentan a Bernie (Jack Black) impartiendo una clase magistral sobre cómo realizar el adecuado trabajo con un cadáver en una funeraria, cómo maquillarle, asearle, y cómo posicionarle (hasta con los muertos hay que realizar una coreografía pertinente de posiciones o posturas correctas). En suma, presenta a los cadáveres de un modo más impecable que cuando estaban vivos. Ya se sabe, como remarcaba el director del programa en El show de Truman (1998), de Peter Weir, que consideramos la realidad tal como nos la presentan. Bernie es una especie de director, y actor, que realiza una puesta en escena. Pero no sólo con cadáveres, sino con los vivos.  Maquilla la realidad, y sonríe mucho. Tanto, que su sonrisa parece protésica, más inquietante que la desfigurada del Joker. Y nos hace pensar, y sentir, que no puede ser como parece. Bernie es una suma de incógnitas. La primera ¿es real?

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¿Qué es Bernie?

¿Qué es Bernie (2013), de Richard Linklater? Esta es una comedia sobre el horror, el de la vida como una puesta en escena, en cuyos intersticios se adivinan los abismos (de la banalidad). Por eso, la narración se cimenta y construye sobre una interrogante: ¿quién era Bernie? La obra adopta la estructura de una encuesta. Integra los modos documentales a través de la serie de las declaraciones, que puntúan la acción, de los habitantes de este pueblo del norte de Texas, los cuales ofrecen su perspectiva sobre cómo era Bernie, a quien presentan como un ciudadano ejemplar. Todos admiraban o apreciaban a Bernie, el hombre que se esforzaba sobremanera en ser gentil, en tratar con mimo a los finados, en especial a los más ancianos. Alguien que parece la amabilidad personificada, que no parece dejarse llevar nunca por la intemperancia, que exuda sonrisas por todos sus poros. Por ello, no deja de sorprender a todos su peculiar e intrigante relación con  una hosca y huraña octogenaria Marjorie (Shirley MacLaine) que parece la antimateria de su carácter afable y atento, con la que incluso realiza viaja por todo el mundo. Relación que será objeto de variadas especulaciones, dada, de entrada, su notoria diferencia de edad (algo más de 40 años), como lo es la propia condición sexual de Bernie (uno de los diferentes intertitulos que puntúan la narración redunda en ese punto: ¿era homosexual?). Hay un  extraordinario plano muy elocuente: Bernie lima las uñas de los pies de Marjorie, con resonancias serviles como las de  Perversidad (1945), de Fritz Lang o Lolita (1962), de Stanley Kubrick (la mirada de McLaine es todo un poema).  La narración, a medida que avanza, más que ofrecer respuestas, incrementa las interrogantes. Por ejemplo, sobre ese afán de Bernie de ser protagonista del escenario (de la vida), reflejado en que dirige e interpreta obras en el pueblo, y él mismo canta en las honras fúnebres como un auténtico showman. Bernie parece que vive como si se encontrara en un escenario. Hay quien señala que quizá refleja una compulsión de querer gustar, de ser querido. ¿Es Bernie una ficción, un Truman dirigido y diseñado por sí mismo?¿una criatura frankensteiniana hecha de diversos retales para ser aceptado y ser amado; en suma un ser diseñado, más muerto (figurativamente) realmente que vivo: un hombre-imagen u hombre escénico?

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A media narración se revela el porqué de esa encuesta sobre Bernie. El hombre querido por todos, que se esforzaba en hacer sentir bien a todo el mundo, había asesinado, disparando cuatro disparos, a Marjorie (y después la mantuvo un mes, hasta que fue descubierta, dentro de un congelador). Lo que suscita una interrogante que nadie planteará ni aclarará: ¿Por mucho que ella fuera posesiva, y quisiera convertirle en un esclavo de 24 horas, alguien que parecía tan afable podía reventar de tal modo, o es que su sonrisa estaba tensada por una cuerda, y no había correspondencia con quien estaba oculto tras su condición de hombre-imagen u hombre-escénico?

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En escena entra otro gran personaje, el fiscal, Buck (esplendido Matthew MacConaughey).  Receloso, y no carente de arrogancia, parece la única excepción a ese hechizo al que Bernie tiene sometido a todo el pueblo (quizá porque a él le gustaría ser tan querido y admirado). Se muestra inmune a esa amabilidad de Bernie (como si fuera la de un seductor vampiro) con la que no se sabe dónde empieza lo genuino o termina lo impostado, pero que hechiza. El fiscal llega hasta a pedir que el juicio se haga en otra ciudad, porque sabe que sino perdería. Al final sabremos que el relato está basado en un suceso acaecido en 1996, y que todos aquellos que participan dando su opinión, su perspectiva, son realmente los habitantes de ese pueblo donde tuvieron lugar los hechos. La obra se estructura emulando los modos del documental, aunque es una ficción, para acabar desvelando que está inspirada en unos hechos reales, y que han participado personajes involucrados, de un modo u otro, en los acontecimientos, combinando sus testimonios con la ficcionalización (interrogación, diría) de los hechos. Como Bernie, en principio se supone alguien real, aunque vamos descubriendo, mientras se multiplican las interrogantes, que parece más un personaje, un hombre-imagen o un hombre-escénico, para finalizar con la constatación de que su persona es una incógnita irresuelta en la que lo ficticio y lo real se combinan indiscernibles. La última imagen en los títulos de crédito reúne a actor, Jack Black, con el auténtico Bernie.  El fiscal declararía tiempo después que no se puede hacer una comedia negra de un asesinato. Linklater opone a la seductora risa congelada de Bernie la ironía de la irreverente demolición de un aséptico teatro de banalidades, para desentrañar los abismos de lo convencional, en el que habitan cadáveres maquillados que parecen vivos porque respiran, pero no están sino congelados, hasta que un día la pompa vacía del escenario explota y revela su impostura.

por Alexander Zárate


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Richard Linklater
Interp:Jack Black, Shirley MacLaine, Matthew McConaughey, Rick Dial, Gary Teague, Tommy G. Kendrick, Mona Lee Fultz, Wendy Crouse
EEUU, 20111
99 min

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