Holy Terror, de Frank Miller

By | agosto 6, 2012 at 8:50 am | No comments | Comic, Roberto Bartual | Tags:

por Roberto Bartual

La historia es conocida. Poco después del exitoso estreno de la versión cinematográfica de Sin City, su autor, Frank Miller anunció el que iba a ser su próximo proyecto en viñetas: Batman, Holy Terror, en el que no sólo retomaría a uno de sus personajes más recurrentes, sino que además le enfrentaría contra uno de los villanos más inusuales de su carrera; el mismísimo Osama Bin Laden. Las reacciones no se demoraron. ¿Batman contra Al-Qaeda? ¿El superhéroe que más veces ha cruzado la delgada línea que separa el vigilantismo del fascismo persiguiendo al terrorismo islámico? Sin duda eran de esperar grandes dosis de ironía en el nuevo proyecto de Miller, ¿verdad? Si en los ochenta ya utilizó a Superman para criticar a la administración Reagan convirtiéndolo en una marioneta del poder gubernamental, nadie más indicado que Batman para satirizar la política del «dispara primero, pregunta después» de Bush, Cheney y compañía. Sin embargo, cuál sería la sorpresa de los entrevistadores de Miller cuando éste les aseguró que en su intento de encarar al hombre murciélago con el terror con turbante no había ni la menor pizca de ironía o sarcasmo. Batman, Holy Terror se trataba nada más y nada menos que de una obra de propaganda, definida con dicho término por el propio Miller, y sin otra intención que dejar clara una cosa: si había algo que reprochar a Bush, es no haber sido todo lo duro que podía ser, y, si es necesario que alguien le enseñara cuál es el método correcto con el que tratar a esos terroristas, Batman era la persona más indicada para hacerlo.

Frank Miller se ha vuelto loco, pensaron muchos; pero según iba pasando el tiempo, y a pesar de que cada vez parecía más claro que Batman, Holy Terror nunca vería la luz, las ocasionales declaraciones de Miller acerca de sus nuevas convicciones políticas y la extraña deriva artística que su carrera tomó desde entonces (recuérdese The Spirit como se recuerda El Álamo), dejaban más o menos claro que Miller hablaba completamente en serio. Los manuscritos de Batman, Holy Terror permanecieron inacabados en un cajón durante años hasta que, finalmente, en 2011, Miller publicó bajo sello propio una versión redibujada del cómic, sustituyendo al hombre murciélago por el anónimo The Fixer.

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Criticar o simplemente reseñar el resultado final de este Holy Terror es francamente difícil ya que, dada su condición de obra de propaganda, es imposible obviar su contenido ideológico y éste es tan terrible como la premisa de la obra nos hace sospechar: para Miller el islam es un peligro a erradicar. Las características propias de la religión islámica son las que provocan el radicalismo terrorista y cualquier otro intento de explicar los acontecimientos producidos con posterioridad al 11-M, constituyen una traición a los ideales de democracia defendidos por la Constitución estadounidense. Nada queda ya de las irónicas y en ocasiones sutiles reflexiones de Miller sobre la filosofía del individualismo norteamericano en El regreso del Señor de la Noche, ni de su sarcástica propuesta de Batman como neo-anarquista radical en El Señor de la Noche contraataca (DK2). Cualquier mensaje político o postura social que en estas dos obras aparecen matizados y relativizados por el arte de la sátira, son sometidos en Holy Terror bajo el rodillo de una apisonadora ideológica: no hay dudas, no hay peros, no hay pros ni contras. Sólo se puede hacer una cosa, matar al tío con turbante.

¿Merece la pena hablar de una obra que se presenta a sí misma como un producto de propaganda pura y dura? Por supuesto que sí. Con más frecuencia de la que parece, la calidad artística surge de forma independiente a las intenciones del autor, incluso en las obras de propaganda más siniestras. Y, si hay que juzgar Holy Terror en los términos que propone Miller, es decir, como una obra de propaganda totalitaria, quizá lo más apropiado sea compararlo con Leni Riefenstahl, la principal cineasta del régimen nazi. La comparación no es justa, por supuesto. Pero no porque sea una manera no demasiado velada de llamar nazi a Miller, sino porque el talento de Riefenstahl era infinitamente superior al que demuestra el creador de Sin City en esta obra.

El problema de Holy Terror no son las ideas que intenta justificar. Su problema es la ineptitud narrativa. ¿Es acaso bueno o deseable ensalzar algo terrible de una forma bella? No, pero por lo menos la belleza atroz de apologías hitlerianas como El triunfo de la voluntad hace que el espectador pueda reflexionar sobre la naturaleza del arte y su relación con la ética, debido a las reacciones paradójicas que las películas de Riefenstahl pueden llegar a producir. La primera vez que vi esta película, siendo adolescente, se me puso el pelo de punta con las escenas de las juventudes hitlerianas, pero al rato quedé sorprendido al comprobar que no se debía a que estas imágenes me hubieran parecido terribles, sino todo lo contrario: mi vello se erizaba porque eran demasiado hermosas. Pero ¿cómo es posible que algo tan horrendo pueda causar una reacción involuntaria de emoción? Viendo El triunfo de la voluntad me di cuenta de que la reacción que había tenido era probablemente la misma que pudieron tener los espectadores de la época, una reacción gracias a la cual pudo producirse la destrucción de millones de vidas humanas. Si el nazismo y el cine propagandístico de Leni Riefenstahl pueden enseñar algo, es que el mal es algo que todos llevamos dentro.

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Holy Terror, en cambio, a duras penas parece que tenga demasiada utilidad, ni para hacer que sus lectores reflexionen, ni tampoco como obra de propaganda. Comparada con la elegancia de maestros del género como Riefenstahl o Eisenstein, Holy Terror parece la obra de un principiante, lo cual resulta extraño tratándose de Miller: la claridad narrativa siempre me ha parecido uno de sus puntos fuertes, incluso en las ocasiones en que dicha claridad no es precisamente su objetivo, como ocurre en Elektra asesina o DK2. Es como si en Holy Terror hubiera olvidado parte de su oficio; en algunas de sus páginas es incluso difícil saber qué están haciendo exactamente sus personajes, por no mencionar los giros inexplicables de la trama en la que, de repente, The Fixer parece saber como por arte de magia qué es lo que van a hacer los pérfidos terroristas.

Holy Terror decepcionará, sin duda, hasta a los fans más acérrimos de Miller; entre los que, por cierto, me cuento. Y por si aún puede ser peor la cosa, Miller añade a todo esto una pequeña guinda de infamia dedicando Holy Terror a Theo van Gogh, el cineasta holandés asesinado por el yihadista Mohammed Bouyeri, quizá en un intento de dar una justificación intelectual a lo injustificable.


Factor-Crítico-Holy-Terror-fondoHoly Terror
Frank Miller
Legendary Comics,
122 pgs.

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