By Revista Factor Crítico | julio 27, 2012 at 11:03 am | One comment | Malas pulgas, Tabaret
por Tabaret
Antes de nada, creo que conviene matizar una cuestión. Cuando nos referimos en el título a poeta renombrado, no lo hacemos en el sentido convencional del término, que viene a ser algo así como «famoso» o «de notoria popularidad». Renombrado, para nosotros va a ser el que se nombra mucho, si se nombra a sí mismo también computa.
Nuestro poeta renombrado es sudamericano. Esto no quiere decir nada. Podría ser de cualquier otro lugar. Podría ser de lugares terribles, como Majadahonda, pero no. Es sudamericano o, por lo menos, tiene acento sudamericano. Le gusta usar guayaberas y habla de otros poetas sudamericanos. Los de su país de origen se dividen en dos tipos: los que conoce él, personalmente -que son muy buenos– y los que conocen todos los demás -que están terriblemente sobrevalorados-. Los de los otros países se dividen en dos tipos más, lo que conoce él personalmente -que son muy malos– y aquellos de los que no ha oído hablar jamás –que no merece la pena leerlos-. El poeta renombrado es poeta de profesión. Vive de escribir poemas y de recitarlos muy emocionado. Se sabe pocos poemas, pero todos buenos. Él sabe que son buenos porque son suyos y ¿quién los va a conocer mejor que él?.
El poeta renombrado tiene un credo poético estricto. La poesía moderna no rima, nunca.
-Las rimas son para imbéciles anticuados. ¿Cómo se puede sujetar la belleza de las palabras en flor?
-Pues no lo sé. ¿Cómo?
-¡No se puede!
-Ah, claro. Yo, como usted preguntaba…
-¡Era una pregunta retórica! (después de una pausa) Una pregunta que late con el corazón de una respuesta que no se ha de decir, porque su verdad es el misterio.
-Hostias qué bonito.
-Es poesía.
-Ya, porque no rima.
-Y porque es hermoso.
-Ya.
-Sí.
-Pero también porque no rima.
-También porque no rima, claro, pero no se trata de eso.
-No, porque si se tratase sólo de no rimar todo sería poesía.
-¡Esa es la clave!
-Ya.
-Hacer poesía con las mismas herramientas con las que otros no pueden aspirar más que a las pobres limitaciones de la prosa.
-Eso es la leche, sí.
-Pero no puede hacerlo cualquiera. Hay que tener un alma receptiva, un alma que pueda recoger la belleza que cae sobre el mundo como una lluvia de dioses.
-Un alma de cántaro.
-¿Cómo?
-Nada.
MIGUEL ÁNGEL MALA (9 months ago)
Muy bueno -especialmente el final-, Tabaret.